Quién pompó
El olor llegó primero.
Antes del diagnóstico, antes de la tos crónica, del enfisema y del oncólogo con cara de pésame.
Llegó como consiguen las verdades en Nuevo León.
Arrastrado por el viento del sureste, a 45 kilómetros de distancia, desde una chimenea industrial con nombre y apellido.
El aroma, mezcla de orines de gato viejo, huevo podrido y gasolina mal quemada, se instaló en la zona metropolitana de Monterrey con la naturalidad de un inquilino moroso.
Sin pagar renta, sin fecha de salida, sin vergüenza.
Quién pompó, cantaría Chico Che desde el más allá, con su overol y sus lentes cuadrados.
Quién pompó ese olor, quién pompó esas cositas, quién pompó.
La respuesta no requiere investigación forense.
La respuesta tiene 292,000 barriles diarios de capacidad, se llama Refinería “Ing.
Héctor R.
Lara Sosa” y pertenece a Petróleos Mexicanos.
Está en Cadereyta Jiménez, municipio del oriente metropolitano, y lleva desde 1979 perfumando el aire regiomontano con dióxido de azufre, partículas PM2.5, PM10, óxidos de nitrógeno y el catálogo completo de compuestos orgánicos volátiles capaces de hacer llorar a un cactus.
El Sistema Integral de Monitoreo Ambiental (SIMA) del gobierno de Nuevo León registró, el 19 de enero de 2026, calidad del aire “muy mala” en la estación Sureste 3, ubicada en la colonia Jerónimo Treviño de Cadereyta.
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