El secreto oculto tras los colores de los cables USB y cómo elegir el adecuado
Conectar un cable USB parece un gesto simple , pero detrás de ese gesto se esconde una variedad de estándares que determinan si el dispositivo cargará rápido, transferirá archivos con velocidad o, simplemente, se limitará a mostrar que está enchufado sin más.
El USB Implementers Forum, organismo que regula el estándar, ha señalado que no todos los cables tienen las mismas capacidades y que corresponde al usuario elegir el adecuado según el uso que le quiera dar.
Un detalle que muchas personas desconocen es que la lengüeta de plástico que hay dentro del conector, en los modelos de tipo A , cambia de color según la generación del estándar, y ese color ofrece pistas sobre la velocidad de transferencia y la potencia de carga que puede alcanzar.
Ese código visual no funciona igual en todos los casos ni sustituye a la documentación del fabricante, pero conocerlo ayuda a entender por qué un mismo cable puede cargar el teléfono sin problema y, al mismo tiempo, fallar al copiar fotos al ordenador.
La razón está en que una conexión depende de tres elementos: el dispositivo, el puerto y el cable.
Si alguno de ellos pertenece a una generación más lenta, el conjunto se ajusta a esa limitación, sin importar lo moderno que sea el resto del equipo.
Qué significa el color de un cable USB tipo A El color del cable USB tipo A no es una etiqueta decorativa: identifica la generación del estándar y, con ella, la velocidad máxima de transferencia y la potencia de carga disponibles.
Un cable blanco o negro corresponde a versiones antiguas y lentas, mientras que el azul, el turquesa, el rojo o el amarillo señalan capacidades superiores, ya sea en velocidad de datos o en funciones de carga.
Esta codificación surgió a medida que el estándar USB fue evolucionando en distintas versiones, cada una con su propia velocidad de transferencia.
Para que los usuarios pudieran distinguirlas sin necesidad de leer manuales, los fabricantes recurrieron a colores diferentes en la parte interior del conector, un recurso que solo tiene sentido en los puertos y cables USB-A, los rectangulares que se han utilizado durante años.
Saber identificar ese color puede ahorrar tiempo cuando algo no funciona como se espera.
Si al conectar un disco externo la copia de archivos avanza con lentitud, antes de pensar que el dispositivo está dañado conviene revisar el color del cable o del puerto que se está usando, porque es habitual que la limitación provenga de ahí y no del propio disco.
Blanco y negro: los cables USB más antiguos y sus límites Una lengüeta blanca corresponde a USB 1.0 y USB 1.1 , las primeras generaciones del estándar.
Su velocidad máxima de transferencia se sitúa en 12 Mbps, una cifra pensada para periféricos que mueven poca información, como un teclado o un ratón.
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