Minerales críticos y chips: la nueva geopolítica industrial
Durante tres décadas, la globalización trató los insumos industriales como mercancías intercambiables: se compraba donde costara menos.
Esa lógica se agotó.
Los minerales críticos y los chips, que dependen de ellos, son hoy instrumentos de poder y los gobiernos los administran como tales.
China está en el centro.
Según la Agencia Internacional de Energía, refina cerca de 90% de las tierras raras del mundo y produce alrededor de 95% de los imanes permanentes.
Desde 2023 exige licencias para exportar galio y germanio; en abril de 2025 hizo lo mismo con siete tierras raras y sus imanes, y en octubre amplió los controles.
Tras el acuerdo entre Donald Trump y Xi Jinping, Pekín suspendió ese último paquete hasta el 10 de noviembre de 2026.
En septiembre ambos gobiernos hablaron de prolongar la tregua comercial hasta enero, pero no queda claro si eso cubre las tierras raras.
Estados Unidos juega el mismo juego.
Restringe la venta a China de chips avanzados y del equipo para fabricarlos, subsidia su manufactura y ha tomado participaciones en empresas como Intel, MP Materials, Lithium Americas y Trilogy Metals.
En el corazón de la disputa está Taiwán.
TSMC fabrica buena parte de los procesadores avanzados que usan desde teléfonos, hasta centros de datos de inteligencia artificial, y la mayor parte de esos procesos sigue en la isla.
Una crisis en el Estrecho no sería sólo regional, ya que frenaría líneas de producción en todo el mundo.
De ahí la diversificación.
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