Tormenta a la vista: Cae la IA ante alza de hidrocarburos y tasas
Durante el último año, los mercados financieros operaron bajo un dogma de fe casi absoluto: Que el crecimiento vertiginoso de la Inteligencia Artificial (IA) actuaría como un motor económico incontenible, capaz de eclipsar cualquier preocupación macroeconómica subyacente.
Sin embargo, los mercados acaban de experimentar un violento baño de realidad.
El nerviosismo se ha extendido de forma generalizada por los mercados al converger tres amenazas críticas: una corrección de carácter estructural en el sector tecnológico, una crisis energética que ha impulsado el precio del petróleo hasta los 110 dólares por barril, desatando nuevamente las alarmas de una inflación persistente e incontrolable, y el inicio de un nuevo ciclo de tasas de interés al alza.
La vulnerabilidad de los modelos de negocio de la alta tecnología, altamente apalancados, se combina ahora con el encarecimiento de la energía, y el mayor costo del dinero, creando un entorno de aversión al riesgo que no se veía en meses.
Los principales indicadores reflejan la gravedad del momento: El índice de volatilidad VIX se disparó de forma abrupta en los últimos días, mientras que el Nasdaq 100 perdió un 5.5%, consolidando su peor semana desde la crisis arancelaria de abril de 2025.
El índice PHLX Semiconductor, cerró la semana en 11,137.3 unidades, cayendo 3.83% en un solo día,16% en la semana, acumulando una baja del 24% sobre su máximo histórico marcado el pasado 22 de Junio.
La corrección del sector tecnológico ya no se limita a una mera toma de utilidades en las acciones; ha mutado en una desconfianza explícita que está afectando directamente a la financiación mediante deuda de las empresas de infraestructura informática.
El catalizador de esta transición hacia el territorio del pánico financiero es el comportamiento de los bonos del proveedor de infraestructura de nube neocloud CoreWeave Inc. ante la amenaza de caer en default, lo que refleja un cambio drástico en la psicología del mercado.
Considerada durante mucho tiempo el estandarte de la infraestructura especializada para el entrenamiento de grandes modelos de lenguaje (LLM), se financió masivamente bajo la expectativa de un flujo ininterrumpido de ingresos, pero ya ha entrado en problemas.
El suceso impactó a los bonos de Oracle, de Softbank y otros.
Los acreedores han comenzado a cuestionar de manera abierta si la demanda real de servicios y los ingresos derivados de la IA justifican los billones de dólares invertidos a nivel global en capacidad de computación y centros de datos.
Las acciones del sector de semiconductores encadenaron una caída de ocho sesiones consecutivas, marcando la racha de pérdidas más prolongada desde la crisis financiera del año 2008.
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