Manual de supervivencia para un lunes cualquiera (fin del mundo incluido)
Amanece un lunes y, como todos desde el ser humano inventó el calendario para sufrir con horario fijo, el mundo decide irse al carajo con puntualidad ejemplar.
No hay alarma que anuncie el Apocalipsis.
Llega en silencio, como el saldo de la tarjeta de crédito o la tía que pregunta cuándo vas a sentar cabeza.
Lo primero es no entrar en pánico.
Quema calorías, uno las necesita para hacer fila en la tienda de la esquina, donde ya no queda papel higiénico pero sí, milagrosamente, una torre entera de galletas de animalitos.
Cómprelas.
Si el planeta se derrite, sea con la boca llena.
Segundo paso.
Ducharse.
Esto es innegociable.
El fin del mundo no es excusa para el mal olor.
Es, de hecho, la única ocasión en oler mal frente a cualquiera sin consecuencias sociales, pero por dignidad.
Uno no quiere presentarse ante la nada eterna oliendo a lunes viejo.
Después, ponga música.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).