El extraño (y breve) retorno de Rubén Rocha
La historia de Rubén Rocha Moya en el gobierno de Sinaloa sería cómica si no fuera trágica.
Es fácil descartar el asunto como una suerte de telenovela del absurdo nacional.
Los detalles dan para eso y más.
Un gobernador sospechoso de vínculos con el crimen organizado solicitó licencia sólo para insistir en que es inocente.
Tras unos meses, decide que ya es hora de pasar la página y, aparentemente por sí solo, que va a regresar al gobierno del estado.
Nadie parece saber realmente cómo o por qué tomó la decisión.
Abundan los rumores: que si la Presidenta de México se enteró por un tuit, que si Rocha Moya se sabe protegido por Andrés Manuel López Obrador , que si el propio López Obrador decidió dar un golpe en la mesa después de la revocación de la visa de su hijo.
En cualquier caso, horas después de decidir volver a su cargo, el gobernador determina irse de nuevo.
En efecto, la realidad supera a la ficción.
Si la televisión mexicana tuviera un programa de sátira política como los de antaño, daría para varios capítulos.
El asunto es que el affaire Rocha Moya no tiene nada de simpático.
Todas las posibles versiones de lo sucedido revelan un caos interno en el gobierno mexicano, el partido hegemónico y el movimiento detrás de ese andamiaje.
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