Ley y gesto
Por un lado, tenemos a la ley, por el otro al gesto.
En el ensayo que Walter Benjamin escribió sobre Franz Kafka en 1934, encuentra que en su obra hay simetría entre ambas: el gesto comparte con la ley el ser heredado sin saber de dónde, el resistirse a la comprensión y el no poder dominarse.
Benjamin argumenta que Kafka escribe sobre la persistencia subterránea del pasado en el presente, un mundo pantanoso, de una Vorwelt o mundo previo que sigue operando bajo las instituciones del progreso; como serían los juzgados, las burocracias, las familias.
Ley y gesto se ven unidos por esto.
Aun así, destaca una diferencia principal: la ley clausura y el gesto abre.
Una premisa que conviene rescatar a partir de la aprobación del INE del acuerdo INE/CG350/2026, publicado en el Diario Oficial el 28 de julio de este año.
Ese que intenta cerrar la apertura natural del gesto.
Se trata de un acuerdo que fija la metodología de monitoreo de noticiarios para 2027 e incorpora una variable nueva: “Mecanismos discursivos indirectos de descalificación de las personas precandidatas o candidatas”.
A partir de éste, pretende identificar expresiones que, sin constituir una agresión explícita, transmiten descalificación o menosprecio por vías indirectas.
Presenta de forma enumerada cinco vías: ironía o sarcasmo, minimización de logros, infantilización de quien es tratado como incapaz de comprender el cargo, cuestionamiento implícito de legitimidad y asociación negativa por identidad.
Es el catálogo de gestos que Benjamin consideraba irreductible a la ley, dividido por el INE en cinco casillas y con un codificador asignado.
De acuerdo con Benjamin, Kafka – mediante la ley y el gesto – deja ver cómo la modernidad trae consigo lo arcaico.
La ley resulta terrible por contener aspectos no escritos; sin embargo, el acuerdo del INE intenta incluirlo todo.
Se busca codificar lo incodificable, la interpretación cambiante del gesto quiere incluirse en el derecho con número de variable.
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