Si es muy bueno para ser cierto, es muy bueno para ser cierto
Me regalaron un gallo.
Llegó medio estresado, pero con cuidados y amor se recuperó de volada.
Dicen que los animales se parecen a quien los cuida, el mío canta tarde, después de las siete de la mañana, es nocturno como yo.
Ya aprendí a hacer las paces con el insomnio.
Fer, mi socio, fue testigo y víctima de ello, antes nos escribíamos a las dos de la mañana y no exagero si algunas de nuestras mejores ideas las tuvimos a esas horas.
Hace unos días, una de esas madrugadas me regresó un recuerdo de hace algunos años.
Uno incómodo.
De esos que primero dan pena pero terminas por aceptar.
Por aquellos años conocí a alguien que rápidamente se hizo mi amigo.
Me regalaba libros raros y antiguos, platicábamos de literatura, me invitaba a desayunar tarde, late brunch como le llamo, según Instagram sería un bromance hecho y derecho.
Después de meses de cultivar esta relación tan bonita, algo despertó mi curiosidad.
Eran los inicios del boom del bitcoin en México.
A mi nuevo amigo se veía que le iba muy bien, casi no hablaba de su negocio sino de forma muy vaga.
En medio del almuerzo de mediodía, por fin le pregunté a qué se dedicaba.
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