Entrenar sin agotarse: tres ejercicios de ritmo moderado que mejoran la condición física
Entrenar a un ritmo llevadero, sin perseguir el agotamiento, gana espacio entre quienes buscan sumar movimiento a su vida cotidiana.
Bajo etiquetas como Slow Fitness o movimiento consciente, esta corriente propone regular la intensidad, prestar atención a las señales del cuerpo y priorizar la constancia antes que la velocidad .
La perspectiva coincide con una recomendación sanitaria consolidada: la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que las personas adultas acumulen entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio moderado.
Para quienes llevan una vida sedentaria, el primer paso puede ser elegir una práctica que se adapte a sus posibilidades y pueda mantenerse con el tiempo.
El enfoque no descarta las sesiones de alta exigencia, cuyo lugar depende de los objetivos, el estado físico y la disponibilidad de cada persona.
Sin embargo, opciones de menor demanda, como el trote suave, el trabajo aeróbico en zona 2 o la caminata con bastones, permiten desarrollar la capacidad cardiorrespiratoria y consolidar un hábito.
El slow jogging propone trotar a un ritmo que permita conversar El slow jogging surgió en Japón a partir del trabajo del fisiólogo del ejercicio Hiroaki Tanaka , profesor de la Universidad de Fukuoka.
El investigador denominó a su método niko-niko pace , una expresión que puede traducirse como “ritmo sonriente” y que propone mantener una velocidad cómoda, capaz de permitir una charla sin agitación.
La propuesta se extendió más tarde en Corea del Sur y ganó visibilidad internacional a través de las redes sociales.
Se basa en pasos cortos y en una intensidad que no lleve al agotamiento.
El fisiólogo deportivo Stephen Garland , profesor titular de Fisiología del Deporte en la Universidad de Malmö, abordó esta tendencia en un artículo publicado por The Conversation .
“Un ritmo que parece sencillo para un corredor experimentado puede representar un desafío moderado para alguien que hasta entonces había tenido poca actividad”, explicó.
Para Garland, comenzar de manera gradual puede favorecer la capacidad cardiorrespiratoria y colaborar con el control de la presión arterial y la glucosa en sangre .
El efecto depende de la regularidad y de una exigencia ajustada a las posibilidades de cada persona.
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