Un gobierno atrapado en su camisa de fuerza presupuestal
Ricardo Monreal tiene razón cuando reconoce que el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027 prácticamente no tiene margen para reasignar recursos, incluso hacia sectores tan urgentes como salud, educación, seguridad e infraestructura.
Pero el coordinador de Morena en San Lázaro se queda corto en el diagnóstico.
La realidad es más grave: la 4T construyó una gigantesca camisa de fuerza presupuestal y ahora el gobierno de Claudia Sheinbaum está atrapado dentro de ella.
No hay dinero suficiente porque durante años se privilegió el gasto político sobre la inversión productiva, se multiplicaron compromisos permanentes y se destinaron cantidades monumentales a proyectos emblemáticos del obradorismo cuya rentabilidad económica sigue siendo cuestionada.
El resultado está a la vista: un gobierno con enormes obligaciones, una economía que no crece lo suficiente y una deuda que deberá utilizarse para cubrir el déficit.
La administración de Andrés Manuel López Obrador dejó una pesada herencia financiera.
Pensiones, programas sociales, costo de la deuda y obras como el Tren Maya representan compromisos que no desaparecen con el cambio de presidente.
Por el contrario, cada año demandan más recursos.
Claudia Sheinbaum tuvo la oportunidad de modificar esa herencia, pero decidió conservarla.
Y esa decisión tiene consecuencias.
El problema de los programas sociales no es ayudar a quienes verdaderamente lo necesitan.
Eso constituye una obligación del Estado.
El problema aparece cuando las transferencias de dinero se transforman en política electoral permanente, sin mecanismos suficientes para medir resultados y sin una economía creciendo al mismo ritmo que las obligaciones presupuestales.
Repartir dinero no sustituye al crecimiento económico.
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