En 1866, Napoleón III le dio a París Internet propio: bajo tierra siguen enterrados 427 km de "cables" que nadie quiere quitar
París esconde un secreto que millones de personas pisan a diario sin siquiera sospecharlo: bajo el asfalto parisino siguen sepultados cientos de kilómetros de una red de comunicación que operaba como una especie de Internet analógico y mecánico mucho antes de la era digital.
Por más de un siglo, estos conductos impulsados por aire comprimido mandaban correspondencia de un extremo a otro de la metrópoli en cuestión de minutos.
Cuando la tecnología quedó obsoleta, simplemente se optó por el olvido.
Nadie los desenterró y se quedaron ahí . {"videoId":"xatjhye","autoplay":true,"title":"Huawei Pura 90s Pro Max", "tag":"Huawei", "duration":"118"} Cuando el telégrafo se quedó corto .
Todo comenzó en pleno mandato de Napoleón III.
Aunque el telégrafo eléctrico había revolucionado la inmediatez de la información, tenía un talón de Aquiles: el mensaje llegaba rápido a la central de telégrafos, pero de ahí a la casa del destinatario el reparto a pie o a caballo arruinaba la velocidad del proceso.
Tomando como referencia un sistema similar que Londres implementó unos años antes , París diseñó una infraestructura subterránea para agilizar esa última milla de entrega.
Los ensayos iniciales arrancaron en 1866 y, al poco tiempo, la capital francesa ya presumía de una red de correo impulsada enteramente por aire comprimido.
La red de tuberías de la Belle Époque .
Los mensajes se guardaban en contenedores cilíndricos de metal diseñados para deslizarse a la perfección dentro de tuberías de apenas 6.5 centímetros de diámetro.
Gracias a potentes compresores que inyectaban o succionaban aire, estas cápsulas viajaban por el subsuelo a velocidades cercanas a los 40 kilómetros por hora .
Así, llegaban hasta la oficina más cercana al destino final, donde un cartero hacía la entrega manual.
En un contexto donde el teléfono era un servicio inalcanzable para la mayoría y las cartas comunes tardaban horas o días en llegar, París consolidó un sistema físico capaz de entregar correspondencia en menos de una hora .
427 kilómetros bajo el suelo parisino .
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