La disciplina sin ley
Ciudad de México, agosto de 2026.
El ataúd blanco de Dafne Zapata Quintos, de apenas trece años, descendió a la tierra tamaulipeca un jueves de julio.
Su madre, Guadalupe Quintos, gritó frente a las cámaras de Latinus.
Mi hija murió torturada, de una manera espantosa.
Nadie me dijo nada.
Nadie me llamó a tiempo.
La voz se le quebró.
El país entero la escuchó.
Cuatro días bastaron.
Cuatro días dentro de un campamento de verano en la Academia Militarizada de Marina Doenitz, en Ciudad Madero, Tamaulipas.
Dafne ingresó el 13 de julio con la ilusión de un curso de tres semanas.
No volvió a casa. ¿Dónde estaba la SEP cuando mi hija sufría?, preguntó Guadalupe ante los micrófonos de El Universal. ¿Dónde estaban los inspectores? ¿Dónde estaba el secretario Mario Delgado?” La respuesta llegó tarde.
Llegó después del féretro.
El despertar tardío del secretario.
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