¿Qué entendemos hoy por salud mental? El desafío de mirar más allá de un diagnóstico
El 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental .
Este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propone poner en el centro a las personas con experiencia vivida de problemas de salud mental, bajo el lema “Lived experiences heard: real voices, real change” : escuchar los relatos de experiencias reales para generar cambios y soluciones concretas, no declamatorias.
Es decir, una salud mental más ligada a la persona que a la teoría.
Quizás ese aspecto directo y concreto lleve a una pregunta todavía más elemental: ¿de qué hablamos cuando hablamos de salud mental? La pregunta parece sencilla, pero probablemente nunca haya sido tan difícil de responder.
La ciencia evoluciona rápidamente.
Nuestra capacidad para estudiar el cerebro, sus circuitos y sus mecanismos es hoy muy diferente de la que teníamos cuando se construyeron buena parte de las categorías psiquiátricas que todavía utilizamos.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina anunciado esta semana es una clara expresión de ese cambio.
Karl Deisseroth , Peter Hegemann y Georg Nagel fueron reconocidos por los descubrimientos que dieron origen a la optogenética , una técnica que permite utilizar la luz para controlar células nerviosas y estudiar con enorme precisión la actividad de determinados circuitos cerebrales.
El desarrollo de esta herramienta abrió nuevas posibilidades para comprender el funcionamiento del cerebro y estudiar enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
Estamos aprendiendo a observar y manipular el cerebro con una precisión que habría resultado inimaginable para generaciones anteriores.
La idea de que, en lugar de pensar en regiones o mediadores químicos de manera aislada, integremos esos elementos a un nuevo mapa de circuitos y conexiones neuronales precisas cambia la concepción misma de todo este territorio.
Diagnósticos amplios Mientras nuestra capacidad para estudiar el cerebro se vuelve cada vez más precisa, las categorías para describir el sufrimiento psíquico continúan siendo amplias y se basan en un plano bidimensional, en el que una causa o un síntoma se evalúan por su mayor o menor intensidad.
Por ende, la terapéutica apuntaba a cubrir esa consigna.
Ya no se trata de “baja serotonina”; en realidad, nunca lo fue, sino de qué vías precisas están afectadas o modificadas.
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