El día del derrumbe. Una reflexión sobre la prueba Pisa
El cuento que da título al célebre libro de Juan Rulfo describe el horror de una sociedad enfrentada y sometida a la voluntad de los criminales.
De un lado, los bandoleros asolan todo a su paso.
Del otro, la compañía del general Petronilo Flores intenta contenerlos.
En medio, los habitantes de pueblos y rancherías, armados para defenderse de los forajidos.
Una debacle de sangre y fuego.
Lo que más horroriza es la complaciente mirada de los personajes ante la desolación.
En El llano en llamas , Rulfo no escatima sangre.
El Pichón –uno de los personajes– cuenta algunas de las peripecias de la banda de criminales a la que pertenecía, dirigida por Pedro Zamora .
Por ejemplo, cuando los asesinos a caballo arrastran a unos hombres «pialados que, en ratos, todavía caminaban sobre sus manos, y otros, de hombres a los que se les habían caído las manos y traían descolgada la cabeza», desmembrados, atados a las ancas de animales montados por otros animales (cfr.
Toda la obra .
Archivos ALLCA-FCE, 1996: 77).
Rulfo da voz a un monstruo que se alegra de protagonizar y contemplar las masacres cometidas por él y sus compañeros.
Ante los asesinos arrastrando a sus víctimas, el Pichón dice como si nada que «daba gusto mirar aquella larga fila de hombres cruzando el Llano Grande otra vez, como en los tiempos buenos.
Como al principio, cuando nos habíamos levantado de la tierra como huizapoles maduros aventados por el viento, para llenar de terror todos los alrededores del Llano» (1996: 77).
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