El riesgo silencioso de las noches calurosas: por qué dormir con altas temperaturas afecta la salud y cuál es la ideal
Las noches de calor ya no son sólo una incomodidad del verano ni un motivo de conversación al día siguiente.
Para la medicina cardiovascular y del sueño , empiezan a perfilarse como un problema de salud que crece en silencio, mientras las temperaturas nocturnas dejan de bajar como lo hacían décadas atrás.
En ese punto pone el foco el cardiólogo Oscar Cingolani , médico de la Universidad Johns Hopkins , en Baltimore , Maryland, Estados Unidos, al advertir que dormir en ambientes por encima de 22℃ a 24℃ puede deteriorar la calidad del descanso y aumentar la carga fisiológica sobre el organismo .
En un escenario atravesado por la crisis climática , su planteo corre el eje habitual de las olas de calor : el problema no termina cuando cae el sol.
Lo primero que el especialista se ocupó de remarcar en diálogo con Infobae es que, en los últimos años, varias investigaciones comenzaron a mirar con más atención qué sucede cuando el cuerpo intenta dormir, recuperarse y regular su temperatura en noches demasiado calurosas.
El calor nocturno aparece como una amenaza menos visible que las altas temperaturas del día Durante años, la preocupación pública por las temperaturas extremas se concentró en las horas de sol, en los récords vespertinos, en el asfalto que irradia calor y en las alertas meteorológicas que recomiendan no salir de casa.
Pero, según Cingolani , hay una dimensión menos evidente y posiblemente subestimada: la imposibilidad de que el organismo encuentre alivio cuando llega la noche. — ¿Doctor, qué le pasa al cuerpo cuando una persona duerme con demasiado calor? —Cada vez hay más estudios que muestran que si uno duerme a temperaturas nocturnas por arriba de 22 a 24 grados centígrados, uno duerme menos; la calidad del sueño disminuye, este se fragmenta y se altera el cooling o enfriamiento normal, que es parte de la recuperación del metabolismo activo durante el día.
Las altas temperaturas suprimen la secreción natural de melatonina , una hormona clave para el sueño.
Por arriba de los 24 grados aumenta la frecuencia cardíaca y la vasodilatación , al tratar el cuerpo de liberar el calor acumulado.
Además, la fragmentación del sueño inducida por el calor aumenta la secreción de catecolaminas y produce deshidratación que favorece también la hipercoagulabilidad de la sangre.
Detrás de esa descripción hay una idea central: el sueño no es solo una pausa, sino una tarea biológica compleja .
Mientras una persona duerme, el cuerpo reduce su temperatura central, desacelera funciones, reorganiza procesos hormonales y metabólicos y entra en una secuencia que, si se interrumpe, deja marcas al día siguiente.
Un artículo publicado en la revista de Nature recogió justamente ese punto.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.infobae.com — el contenido pertenece a Infobae (Salud).