Ganar sin juego perfecto
“El buen director no elige entre el tablero y el horizonte: aprende a mirar ambos sin marearse”. —C.
R.
G.
El ingeniero Juan Grau era de esos directores que hablaban sustancioso y casi nunca se equivocaban.
Después de muchos años al frente de empresas, aceptó venir como profesor invitado al IPADE, y en una sesión dejó caer una frase que entonces me pareció obvia: “se puede dirigir a largo plazo, y se puede dirigir a corto plazo ”.
Y remató diciendo: “lo difícil es dirigir cuidando las dos dimensiones”.
Tardé años en entender que no describía dos tareas, sino una tensión.
Hace unos días recordé esa frase en un lugar inesperado (gracias a mi amigo Ramiro Ochoa, fanático beisbolista) y con una figura poco usual: un lanzador en un partido de béisbol.
Drew Rasmussen, abridor de los Rays de Tampa Bay, llevó un juego sin hit hasta la octava entrada contra los Yankees de Nueva York, en el primer partido de la Serie Divisional; ponchó a diez y los Rays ganaron 1-0 con jonrón del mexicano Jonathan Aranda.
Rasmussen no es un prodigio de esos que nacen con el brazo bendito, ha pasado tres veces por el quirófano para reconstruir su codo y su mánager lo compara, por su ética de trabajo, con los mejores pitchers de la historia.
Cuando le preguntaron a Rasmussen por su secreto, contestó: “creo firmemente que todo se reduce a dos cosas: preparación y ejecución”.
Preparación es el largo plazo del que hablaba Grau: los años de rehabilitación, el estudio del rival, lo que se construye cuando nadie mira; ejecución es el corto plazo: el lanzamiento, el bateador, la cuenta de tres bolas.
Un juego no se gana solo con preparación y nadie sostiene una carrera profesional solo con ejecución.
“La visión sin control es un sueño caro; el control sin visión, una rutina bien administrada”. —C.
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