La autodestructiva guerra cultural del movimiento MAGA
Por Ian Buruma, Project Syndicate.
NUEVA YORK- Son muchas las razones por las que, hace dos años, Kamala Harris, por entonces vicepresidenta de Estados Unidos y candidata por el Partido Demócrata, perdió las elecciones presidenciales frente a Donald Trump: empezó demasiado tarde la campaña; heredó el vasto resentimiento que existía contra Joe Biden , por entonces presidente... y Trump es un demagogo nato, que sabe cómo explotar la ira y la hostilidad engendradas por el miedo.
Pero Harris, una mujer de color, también se vio perjudicada por la postura estadounidense en una guerra cultural que ha transformado la política de varias democracias occidentales; aunque se cuidó mucho de eludir las cuestiones raciales y se centró en la economía, fueron muchos, a menudo influidos por los medios de comunicación de derecha, quienes la asociaron con el activismo “progresista” en materia de raza, género e identidad sexual.
Esto les dio vía libre a los republicanos para afirmar que los demócratas habían perdido contacto con el “ciudadano común”.
La percepción de muchos votantes de Trump, incluidas mujeres y muchas personas de color, fue que a los demócratas les importaban más los derechos de las personas transgénero que los puestos de trabajo en las ciudades del cinturón industrial de Ohio.
Quizá fue injusto, ya que la cúpula del Partido Demócrata no destacaba por ser un bastión del activismo “woke”, pero lo cierto es que desde la década de 1960 los demócratas vienen perdiendo constantemente apoyo de los votantes de clase trabajadora.
Cuestiones culturales y sociales como el antirracismo, los derechos de los homosexuales y el feminismo atraían a las élites cultas de las grandes ciudades costeras, pero no tanto a los votantes de las zonas rurales y las ciudades industriales en declive.
El populismo de derecha logró atraer a muchos de ellos hacia el Partido Republicano, en detrimento de los demócratas.
Desde que Trump ganó su segundo mandato, muchas instituciones liberales de Estados Unidos han intentado distanciarse de la guerra cultural: las universidades han recortado o incluso suprimido medidas destinadas a aumentar la diversidad en los campus y algunos medios de comunicación liberales cedieron ante la presión de la Administración de Trump para frenar el periodismo y el entretenimiento críticos.
CBS News, que otrora ayudó a evitar que el senador Joseph R.
McCarthy persiguiera a la gente por sus supuestos vínculos comunistas, ha dado un brusco giro hacia la derecha bajo la dirección de su nueva jefa de redacción, Bari Weiss.
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