Cómo Europa puede ahorrar un billón de euros y ganar la carrera de la IA
Por Eric Hazan, Lenny Benbara y Baptiste Lefort, Project Syndicate.
PARÍS- El 12 de junio, el Departamento de Comercio de los Estados Unidos informó a Anthropic de que para dar acceso a sus dos modelos de inteligencia artificial más avanzados a personas extranjeras (dentro o fuera de los Estados Unidos) debía obtener licencia de exportación.
Eso dejó a la empresa sin otra opción que desactivar Fable 5 y Mythos 5 para todos los usuarios sin previo aviso.
Y aunque la orden se anuló el 30 de junio (al parecer el gobierno se dio por satisfecho con las medidas de seguridad tomadas por Anthropic), en Europa las empresas, los gobiernos y los investigadores ya habían pasado dieciocho días usando modelos más antiguos y sin saber cuándo recuperarían el acceso.
Mientras Europa se hacía a la idea de que el acceso a la IA de vanguardia se puede cancelar de un momento al otro, otro acontecimiento transmitió un mensaje muy diferente.
El laboratorio chino Moonshot AI lanzó Kimi K3 (un modelo con 2,8 billones de parámetros cuyos pesos ya están disponibles para descarga gratuita), enviando al hacerlo una señal de que tal vez en poco tiempo sea posible acceder a capacidades casi de vanguardia por muy poco costo.
Puesto que no hay modo de saber cuál de estas señales contradictorias terminará siendo profética, las autoridades europeas deben formular una estrategia de IA que sirva para ambos escenarios.
El debate actual sobre la estrategia europea para la IA se basa en gran medida en la premisa de que las autoridades deben elegir una posibilidad y apostar todo a ella.
Algunos se inclinan por seguir la señal china: la mejora de capacidad de la IA se amesetará, la distancia entre los modelos de vanguardia y sus rivales se reducirá, y la IA se convertirá en un bien de consumo que se podrá adquirir a bajo costo como la electricidad.
Este bando promueve una especie de resignación esperanzada: aceptar que Europa no tiene la potencia de cómputo, el capital y la reserva de talento necesarios para ganar la carrera de la IA, pero no preocuparse demasiado, ya que buscar la vanguardia de la IA ahora sería desperdiciar dinero.
El otro bando quiere que Europa se lance hacia la vanguardia mediante una iniciativa financiada con fondos públicos, de un tamaño que eclipsaría al de cualquier programa industrial europeo desde la reconstrucción de la posguerra.
Este bando apuesta a que el crecimiento de las capacidades de IA no se detendrá y que la distancia entre los modelos de vanguardia y el resto seguirá ensanchándose.
Y advierte de que en este escenario, resignarse equivale al suicidio económico.
Cada postura es coherente en el contexto del futuro que supone.
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