El sistema y la fuerza de sus conexiones
Hace unos días volví a ver una película que había visto años atrás en San Francisco.
Se llama Habitat Earth y, aunque fue concebida para explicar las conexiones entre los sistemas vivos del planeta, esta vez me dejó pensando en algo que va mucho más allá de la ecología.
También nuestras ciudades, nuestra economía y nuestra infraestructura funcionan como redes estrechamente ligadas entre sí.
En la naturaleza, casi nada existe de manera aislada.
Un árbol depende de organismos microscópicos que viven alrededor de sus raíces; una especie puede modificar el equilibrio de muchas otras; una alteración en un punto de la red puede terminar produciendo efectos lejos de donde comenzó.
Lo fascinante es que nuestras sociedades hemos construido redes complejas, pero no siempre las pensamos como sistemas.
Tomemos como ejemplo la energía.
Una falla en transmisión puede detener una fábrica.
La fábrica detenida puede retrasar una entrega.
Esa entrega puede afectar a otra empresa, que a su vez puede incumplir con un cliente.
El problema deja de ser eléctrico y se convierte en económico.
Y si se repite, termina afectando decisiones de inversión, empleo y competitividad.
Lo mismo ocurre con el agua.
Una fuga que parece pequeña puede convertirse en un problema enorme cuando se multiplica por miles de kilómetros de tuberías envejecidas.
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