Tres minutos para correr: la alerta que llegó de boca en boca antes de la riada en Nepal
Personas cruzan un puente colgante dañado tras unas inundaciones repentinas a orillas del río Trishuli, en el distrito de Dhading (Nepal), el 30 de agosto de 2026.
Más de 700 personas perdieron la vida y cientos permanecen desaparecidas en el norte de Nepal después de que el colapso de un glaciar y una avalancha provocaran inundaciones repentinas y corrimientos de tierra en los valles de los ríos Bhotekoshi y Trishuli, cerca de la frontera entre Nepal y el Tíbet, causando una destrucción generalizada en asentamientos e infraestructuras, según la Autoridad Nacional de Gestión y Reducción de Riesgos de Desastres (NDRRMA). (Inundaciones, Avalancha) EFE/EPA/NARENDRA SHRSTHA Una semana después de que una riada arrasara parte del centro de Nepal, Libes Raj Shakya recuerda que la advertencia llegó a gritos de un empleado de una escuela que recorría el mercado avisando de que el agua se acercaba.
“Tuvimos solo tres minutos para escapar”, relata Shakya a EFE al reconstruir la mañana del 26 de agosto, cuando una enorme masa de agua, barro y escombros descendió por el sistema de los ríos Bhote Koshi y Trishuli y arrasó a su paso viviendas, carreteras y puentes.
Shakya estaba todavía en casa cuando, según su relato, Sazal Shrestha, contable de una escuela de la zona y a quien describe “como un hermano”, recibió una llamada desde Dhunche, en el distrito de Rasuwa, advirtiéndole de que una gran crecida avanzaba río abajo.
Primero alertó a la escuela y después salió a correr por el mercado.
“Corría por todo el mercado gritando con todas sus fuerzas para que todos corrieran y se salvaran”, recuerda Shakya.
Catorce minutos en la escuela, tres en el mercado El relato coincide en varios puntos con la reconstrucción de la evacuación de la Tribhuvan Trishuli Secondary School, en Bidur, donde el contable irrumpió gritando que se acercaba la inundación después de recibir una llamada de un familiar desde Rasuwa.
El director del centro, Rajendra Dawadi, contó que más de 900 alumnos y 16 trabajadores se encontraban entonces en la escuela y que tuvieron unos 14 minutos para evacuarlos antes de que la riada alcanzara el lugar.
El colegio ya no existe y el terreno donde se levantaba forma ahora parte del cauce del río.
Para Shakya, que se encontraba en otro punto de la zona afectada, el margen fue mucho menor.
“Cuando estábamos cerrando las tiendas e intentando salir, el agua ya venía detrás de nosotros.
Seguimos corriendo para salvar nuestras vidas mientras la inundación nos perseguía”, recuerda.
Su familia consiguió escapar, pero la riada se llevó todo.
“Milagrosamente, todos los miembros de nuestra familia sobrevivieron.
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