La República no está en la mesa, por Omar Ávila
X e Instagram: @OmarAvilaVzla El nuevo diálogo político ha comenzado a discutir tribunales, autoridades electorales y recuperación de activos como asuntos principales de cara a la opinión pública.
A la vista de quienes entendemos el poder o hacemos vida pública en medio de él, no vemos el mecanismo fundamental en medio del acuerdo: impedir que el Estado vuelva a convertirse en patrimonio de quien gobierna o de quien tutela.
El país que llega a estas conversaciones no es el mismo de los procesos anteriores, y tampoco lo es el equilibrio de poder surgido después del 3 de enero de 2026; sin embargo, este primer comunicado contiene elementos que merecen atención: una revisión profunda del sistema judicial, la renovación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), conversaciones sobre el Poder Electoral (CNE) y mecanismos de cooperación sobre asuntos económicos y de reconstrucción.
Desde Unidad Visión Venezuela consideramos tempranamente que sería un error mayor confundir esos primeros pasos con la solución del problema venezolano, porque en la mesa se está comenzando a discutir quién integra determinadas instituciones y cómo reconstruir algunas de ellas, pero lo que todavía no vemos con la misma claridad es el problema de fondo: ¿qué relación tendrá el poder político con el Estado durante y después de la transición? Para nosotros, responder esta pregunta oportunamente puede ser más importante que saber quién ocupará la Presidencia.
Durante años, la crisis venezolana ha sido explicada fundamentalmente como una disputa por el poder: gobierno contra oposición, chavismo contra antichavismo, autoritarismo contra democracia; en consecuencia, todo eso forma parte del problema, ya que en Venezuela se fue desdibujando progresivamente la frontera entre Gobierno, Estado, partido político y representantes.
Un gobierno es temporal, y su tarea es administrar durante un período determinado; sus tribunales, sus Fuerzas Armadas, sus empresas públicas, sus recursos naturales, su administración, sus instituciones financieras y su patrimonio no pertenecen al grupo político que gana una elección, y la República existe precisamente para garantizar esa separación; porque cuando esa frontera desaparece, las consecuencias ya son conocidas por todos nosotros dentro y fuera del país.
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