La nuevas promesas sobre el diálogo
En el entorno informativo de esta nueva mesa de diálogo entre el oficialismo chavista y sectores de la oposición venezolana hay una razonada expectativa en torno a una evolución positiva de estas conversaciones y la apertura de condiciones políticas que permitan una transición a la democracia. Particularmente porque esta vez están tuteladas e impuestas por los Estados Unidos, un mediador que está exigiendo resultados.
En el equipo de la oposición se ha asentado la impresión de que la imposición de la disuasión a través de la fuerza que ha impuesto Estados Unidos luego del 3 de enero, ha compelido al chavismo a replegarse, exigidos por la necesidad de sobrevivir políticamente. Parece estar presente la exigencia de concretar en no mucho tiempo acuerdos a partir de importantes concesiones mutuas.
Las conversaciones avanzan en torno a temas fundamentales para el oxígeno del ejercicio democrático, como la libertad de expresión -en particular los efectos tóxicos de la Ley del Odio-. Parecen fundamentarse consenso en torno a cambios fundamentales, estructurales, en la composición de un nuevo Tribunal Supremo Justicia, una instancia que siempre será medular en torno al soporte legal y la hoja de ruta de la causa democrática.
Dentro del paquete de temas de conversación, por cierto, se había informado de manera deliberada que se apartaría el debate sobre los presos políticos, argumentando que estas instancias tienen ya sus canales para la negociación, y que es necesario que cese el vicio en torno al menudeo de nombres para atenuar las exigencias en el debate, como ya ha sucedido antes. Desviando el foco sobre los acuerdos que pueden ser considerados estructurales en materia institucional.
El régimen anunció la liberación de 131 prisioneros políticos , un proceso el propio Marco Rubio celebró y lo valoró como “un importante paso en el camino a la reconciliación del país”. Rubio anota que, desde el 3 de enero, “se han liberado mil cuarenta y seis presos políticos”. Sus declaraciones le otorgan respaldo a la ejecución del diálogo paritario, y la liberación de presos políticos es todo un termómetro para calibrar el interés en ceder espacios
Para hacer realidad este proceso, el liderazgo de los partidos Primero Justicia y Voluntad Popular rompe otra vez filas-desandando, de alguna manera, lo avanzado en tras el Acuerdo de Panamá- y responde al llamado promovido por Washington. Una tentación de la cual fue imposible sustraerse. Estos partidos argumentan que esta es una iniciativa a la cual hay que darle alguna respuesta en la búsqueda a la apertura democrática, y que eventualmente todos los esfuerzos suman. El equipo político que ha acudido a dialogar con la cúpula chavista a instancias de Estados Unidos ha dejado saber a María Corina Machado que están abiertos a articular estrategias.
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