Rafael García Marvez: El peso del respaldo de la sociedad civil
Si ciertamente los gobiernos no democráticos gozan del respaldo de las armas, ‘de los revólveres’, no debe despreciarse el respaldo y la participación activa de la sociedad civil que constituye el núcleo capital de cualquier sistema democrático.
Es universal la opinión que sin el consentimiento y el ímpetu del pueblo las estructuras institucionales corren el riesgo de volverse vacías o autoritarias hasta finalmente derrumbarse.
De cualquier forma, tenemos que ser el eco y gritar a todo pulmón hasta que penetre las paredes de la Oficina Oval de la Casa Blanca, de que el principio democrático descansa sobre la premisa, no de los drones ni de los fusiles, sino del poder que proviene de los ciudadanos como lo señala nuestra Constitución de aquí mismo.
De manera, que el apoyo popular para que los venezolanos vayamos a unas elecciones presidenciales en el menor tiempo posible, léase ni más ni menos, que no es un mero trámite electoral sino el principio firme, invariable, de la validez para el ejercicio gubernamental.
No es tolerable que el poder se ejerza de espaldas a las miserias reales de la población; en otras palabras, a su decisión.
De modo idéntico, una sociedad civil organizada actúa como contrapeso indispensable para garantizar la salud de la república y prevenir la concentración desmedida de poder.
Hay experiencias de que los gobiernos respaldados por vastos sectores sociales poseen mayor fortaleza institucional para afrontar coyunturas críticas.
Los venezolanos fuimos un ejemplo de ellos durante cuarenta años: superando guerrillas urbanas y rurales, intentos de magnicidios, sublevaciones militares, de manera que no tenemos por qué ir a buscar patrones extranjeros si aquí mismo lo vivimos por muchos años.
Cabe destacar, que los venezolanos tenemos una extensa y cruenta experiencia de lucha.
Mientras países vecinos sus problemas para conseguir la libertad del imperio español les llevó unos pocos meses, gracias por cierto al auxilio de los venezolanos, nuestros compatriotas batallaron por veinte años si consideramos el lapso de la Cosiata, es decir, la separación de la Gran Colombia.
En consecuencia, y en esto hay absoluta unanimidad, lo que se pretende es canalizar las demandas colectivas a través de cauces serenos e institucionales.
No hay nada más pacifista y civilizado, asunto que el gobierno norteamericano debe comprender incluso por su propio bienestar, que respetar lo que contemplan los patrones de cada nación.
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