Tomatina, batalla a tomatazos y una marea roja en pueblo español, viral en todo el mundo
El pueblo valenciano de Buñol vuelve a convertirse, como cada último miércoles de agosto, en el escenario de la batalla sin tregua de su Tomatina, donde 22.000 personas lucharán durante una hora a tomatazo limpio con 150.000 kilos de esta munición festiva para dejar, un año más, algunas de las imágenes más icónicas del verano de fiestas populares en España.
EFE/Biel Aliño Una fiesta que se espera de un año a otro y que atrae a turistas de cualquier rincón del mundo solo para 60 minutos, esa es la Tomatina, la batalla a tomatazos que sigue convirtiendo a la localidad valenciana de Buñol (este de España) en una icónica y viral marea roja.
Los camiones cargados con 150 toneladas de tomate pera empezaron a circular a mediodía, tras el tradicional chupinazo (cohete pirotécnico), por unas calles ya abarrotadas de gente desde primera hora de la mañana y así comenzó una de las fiestas más internacionales de España, que en 2027 cumplirá su 80 edición.
En cuestión de segundos, los primeros tomates, cultivados expresamente para la ocasión, transformaron el color, el olor y hasta la textura del municipio valenciano, que, como cada último miércoles de agosto, deja la tranquilidad de sus 9.700 habitantes y se convierte en un campo de batalla festivo para más de 22.000 participantes.
El pueblo valenciano de Buñol vuelve a convertirse, como cada último miércoles de agosto, en el escenario de la batalla sin tregua de su Tomatina, donde 22.000 personas lucharán durante una hora a tomatazo limpio con 150.000 kilos de esta munición festiva para dejar, un año más, algunas de las imágenes más icónicas del verano de fiestas populares en España.
EFE/Biel Aliño Una fiesta multitudinaria Con el cartel de ‘todo vendido’ colgado por tercer año consecutivo, la Tomatina conserva la apariencia de una pelea improvisada que empezó en 1945 entre un grupo de jóvenes, pero tiene, en realidad, una organización y precisión matemática: siete camiones, 150 toneladas de tomate -casi siete kilos por persona- y una hora para convertir el centro del pueblo en una marea roja.
En unas calles en las que da la sensación de no caber ni un alfiler, el primer pensamiento de cualquiera que visualice esta fiesta desde las alturas, en las terrazas y balcones de las casas, es: ¿Cómo va a pasar un camión por ahí? Pero consiguen hacerse hueco sin problemas, y con cadenas humanas de seguridad y vigilancia, en medio de tanta emoción.
Antes del primer tomate llegaron las gafas de buceo, las fundas impermeables para los teléfonos móviles y esa camiseta vieja -blanca- que ya se da por perdida, una fiesta que tiene sus propios códigos de supervivencia, aunque siempre hay algún participante que se atreve a disfrazarse de tomate.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lapatilla.com — el contenido pertenece a La Patilla.