Drones ucranianos obligaron a Putin a hacer campaña electoral en la lejana y fría Siberia
El presidente ruso, Vladímir Putin (centro), preside una reunión sobre la garantía de la seguridad de las fronteras orientales de la Federación de Rusia a bordo del crucero de misiles de la Guardia «Varyag», durante la fase final de las maniobras de la Flota del Pacífico frente a la costa de la región de Sajalín (Rusia), el 12 de agosto de 2026.
EFE/EPA/GAVRIIL GRIGOROV/SPUTNIK/KREMLIN POOL Los masivos ataques con drones han obligado al presidente ruso, Vladímir Putin, a hacer campaña electoral lejos de la Rusia europea, a miles de kilómetros de Moscú, pero también le han permitido descubrir Siberia y el Lejano Oriente ruso.
Aunque ocupa tres cuartas partes de la superficie de la Federación Rusa, Siberia cuenta sólo con unos 36 millones de habitantes, la cuarta parte de la población total (unos 145 millones).
Es decir, no es el principal granero electoral del partido oficialista, Rusia Unida.
El Kremlin mantiene que Putin nunca tiene vacaciones, pero el jefe del Estado suele tomarse todos los años varias semanas de asueto entre finales de julio y mediados-finales de agosto.
En este caso, el descanso, que le llevó a 7.000 kilómetros de Moscú, coincidió con la campaña de las primeras elecciones legislativas de toda la guerra.
El presidente ruso, Vladímir Putin, saluda a los residentes en una calle durante su visita de trabajo a Novosibirsk, Rusia, el 11 de agosto de 2026.
EFE/EPA/GAVRIIL GRIGOROV / SPUTNIK/KREMLIN / POOL Tres semanas de gira La gira siberiana de Putin comenzó el 24 de julio con una visita a una fábrica de aviones en Irkutsk, capital de la región homónima bañada por el lago Baikal, el más profundo de la Tierra.
Hasta entonces, por motivos de seguridad, en los primeros seis meses del año únicamente había visitado San Petersburgo y Kazán.
El supuesto ataque ucraniano a finales de 2025 contra la residencia presidencial en Valdái, región de Nóvgorod, disparó todas las alarmas.
La siguiente parada fue Omsk, donde se reunió con el líder kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev, del que recibió un inesperado rapapolvo debido al impacto de la guerra en las exportaciones de petróleo de la república centroasiática.
Tokáyev le pidió directamente que ordene el inmediato cese de las hostilidades con el argumento de que “nadie” entiende el motivo del conflicto entre Moscú y Kiev, al tiempo que defendió la soberanía ucraniana.
En todos esos viajes abordó un tema muy candente en muchas ciudades siberianas que acogían o siguen albergando industrias altamente contaminantes: la calidad del aire.
Una semana después, el 3 de agosto, aterrizó precisamente en Krasnoyarsk, una de las ciudades más contaminadas del país.
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