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Julio César Pérez: El uniforme manchado y la integridad que debe prevalecer

La Patilla ·
Julio César Pérez: El uniforme manchado y la integridad que debe prevalecer

Hay momentos en los que la realidad de un país parece una pesadilla de la que quisiéramos despertar, pero los créditos nunca llegan y el final se hace eterno.

La descomposición institucional de Venezuela no es solo una cifra macroeconómica o un titular de prensa; se siente en las esquinas, en las alcabalas, en la mirada esquiva y temerosa de un ciudadano cuando ve aproximarse una patrulla.

Atrás quedaron los tiempos en los que vestir de uniforme representaba el peso indiscutible de la ley y el respeto ciudadano.

Hoy, en medio de la viralidad de las redes, donde proliferan videos de estudiantes de la UNES aferrados a conductas casi delincuenciales que evidencian el escaso filtro de ingreso a esa institución, nombrar al CICPC (antigua PTJ), al SEBIN o a cualquier otro organismo de seguridad es, lamentablemente, evocar la sombra de lo antisocial.

No todos, por supuesto.

Sería injusto meter a todos los funcionarios en el mismo saco, porque todavía quedan hombres y mujeres íntegros que cargan con el peso del deber.

Pero seamos honestos: la gran mayoría, con actitudes prepotentes, desafiantes y muchas veces delictivas, ha normalizado un perfil que se parece más al de un azote de barrio que al de un servidor público.

Y lo peor de todo es la indiferencia cómplice.

Como quien envía a un hijo a asegurar su parcela de poder y extorsión, ignorando la simiente podrida a la que se están entregando.

Esta tragedia moral no es casual: es el resultado de un sistema político que, durante más de dos décadas, ha premiado la lealtad ciega por encima del mérito, convirtiendo a las fuerzas de seguridad en instrumentos de control social y no de protección ciudadana.

Esta realidad evoca de inmediato aquel icónico discurso de Frank Slade, el inolvidable personaje ciego interpretado por Al Pacino en la legendaria película “Perfume de mujer”, cuando defendía a Charlie Simms ante el tribunal de la prestigiosa escuela preparatoria Baird.

Slade, con la autoridad que da la crudeza de la verdad, advertía sobre la destrucción del alma humana y cómo la integridad es el único cimiento real sobre el que se sostiene un hombre o una nación.

Decía que cuando el espíritu se quiebra, no hay muletas que valgan.

Y en Venezuela, el espíritu institucional está fracturado. ¿Qué pasa cuando la moral se corrompe? Ocurre lo que presenciamos a diario: la gente honorable, la que se niega a transigir, termina empacando maletas yéndose del país o asume la apatía.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lapatilla.com — el contenido pertenece a La Patilla.

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