Trabajar en una empresa básica: de promesa de futuro digno a jubilaciones devaluadas
Ciudad Guayana. Hace unas décadas, las empresas básicas de Guayana, el conglomerado industrial estatal dedicado a la explotación de hierro, aluminio y recursos mineros en el sur de Venezuela, atrajeron a profesionales de todo el país. Trabajar en cualquiera de estas industrias tuteladas por la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) garantizaba una jubilación digna.
Sin embargo, con el declive productivo de estas compañías, debido al mal manejo de las gerencias que llegaron en los últimos 20 años, se evaporó ese sueño de futuro digno.
La situación fue peor para quienes se jubilaron a partir de 2018, tras la aprobación del Memorándum N° 2792, una instructiva ministerial que aplanó las escalas salariales e ignora el contrato colectivo, con el que se eliminaron beneficios laborales históricos.
Hace poco menos de dos meses se creó el Foro para la Defensa Laboral (Fodela), un colectivo civil formado por abogados y sindicatos para auditar el pago ilegal de pasivos, el cual recopila documentación de trabajadores activos, jubilados, pensionados y sobrevivientes de personal fallecido para sustentar futuros reclamos.
Jorge Zalatán, de 69 años, trabajó por 40 años en Sidor, la mayor siderúrgica del país y principal productora de acero. Relató que lo llamaron para tramitar su liquidación sin recibir mayores explicaciones.
Al revisar el cálculo de sus prestaciones encontró una diferencia que considera significativa. Solamente le calcularon el pago por 28 años de servicio. El pago del resto de sus prestaciones sigue pendiente.
“Al día de hoy todavía me deben una porción de un 25%. Son como 200.000 bolívares que no me los han pagado todavía”, señaló.
Carlos Somoza, quien trabajó 43 años en Sidor como jefe de mantenimiento eléctrico, instrumentación y mecánica, supo de su jubilación después de que esta se ejecutó.
Solicitó recibir por escrito la información de su jubilación, pero no obtuvo respuesta satisfactoria. “Yo le dije: ‘Bueno, yo no voy a firmar mi jubilación hasta que yo no tenga eso’. Y así estoy ahorita, pues. Ya llevo cinco meses”.
Somoza indicó que durante ese período recibió su pago de jubilación, pero tuvo problemas con la tarjeta de alimentación.
Los pagos que recibió por prestaciones perdieron valor frente a la devaluación. Esa pérdida de valor agravó su situación económica, al tiempo que evidenció la fragilidad del sistema de protección laboral.
“Eso fue alrededor de 2.000 dólares. Se me fue en pasajes y en los cambios de bolívares a dólares perdí demasiado dinero”.
Situación similar le pasó a Juan Marín, supervisor jubilado de CVG Alcasa. “A mí me dieron en ese momento, en abril del año 2018, exactamente 1.700 dólares, con 39 años de servicio. Y se devaluó inmediatamente al mes siguiente vino la devaluación y ahí no quedó absolutamente nada”, dijo Marín.
Los tres coincidieron en que parte de la inversión fue arreglar cosas en la casa o comprar comida. La urgencia por cubrir lo elemental deja poco margen para cualquier otro tipo de gasto.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en cronica.uno — el contenido pertenece a Crónica Uno.