Venezuela: las alertas de Carothers para el «diálogo», por Rafael Uzcátegui
X: @fanzinero Thomas Carothers, un abogado estadounidense estudioso de las relaciones internacionales, publicó hace más de 20 años un artículo que nos puede ayudar a pensar lo que sucede en la Venezuela de 2026: los procesos de transición no llegan necesariamente a la democracia, y la mayoría de los países que han intentado superar el autoritarismo han quedado durante años en una zona gris.
Por ello, hace más de dos décadas llamó a superar lo que se había convertido en un dogma ineficaz: la teoría académica que explicaba cómo se pasaba de la dictadura a un sistema de libertades ciudadanas.
El texto de Carothers, bajo el título «El fin del paradigma de la transición», fue publicado en Journal of Democracy en enero de 2002.
En su primera parte, explica el contexto del surgimiento de la llamada «teoría de la transición»: en el último cuarto del siglo XX se generó una tendencia, en siete regiones diferentes del planeta, de intentar superar formas dictatoriales de gobierno hacia sistemas más liberales y democráticos, que con el tiempo fue descrita como la «tercera ola de la democracia».
Ante la necesidad de tener un marco analítico común que permitiera explicar los acontecimientos, la comunidad estadounidense generó o adoptó un modelo analítico de transición, un campo analítico que algunos describieron como «transitología».
Según este autor, el modelo se basa en cinco supuestos: 1) Cualquier país que se aleja de un régimen dictatorial puede considerarse un país en transición hacia la democracia; 2) La democratización ocurre por una secuencia de etapas: Apertura > negociación > elecciones > reformas > democracia; 3) Las elecciones son un elemento determinante del proceso; 4) El proceso de democratización no necesita condiciones previas y se basta a sí solo; y 5) Las transiciones democráticas se construyen sobre Estados coherentes y funcionales, por lo que la construcción de la democracia reforzaría la (re)construcción estatal.
Carothers, basado en evidencia cuantitativa (de casi cien países considerados en transición en ese momento, menos de veinte se encontraban claramente encaminados hacia democracias exitosas y funcionales), realizó una afirmación: «La mayoría de los países en transición no son ni dictaduras ni países claramente encaminados hacia la democracia.
Han entrado en una zona gris política».
Y, según describe, en este limbo pueden estar mucho tiempo.
Por ello, cuestiona la idea de que estos Frankenstein deban ser incluidos en la categoría «democracia con adjetivos», con la que los estudiosos intentaron resolverlo, aunque la evolución política de estos países ponga en cuestión, precisamente, el paradigma de la transición.
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