De uno y otro liderazgo
De reducir el problema del liderazgo a una faceta de la consabida literatura de autoayuda, no habrá de sorprender el reproche ante la menor dificultad confrontada: «¿quién se robó mi transición?», preguntarán inmediatamente quienes conciben el cambio como obsequio de una simple manifestación de voluntad o como extravío supersticioso en medio de la perplejidad.
Sin embargo, la conducción adquiere propiedades inequívocamente políticas al tratarse de una determinada etapa histórica que, faltando poco, requiere de una reflexión creadora antes que del panfleto de ocasión.
Hemos trabajado el liderazgo de anticipación y el transicional, cuyas diferencias no eliminan las dimensiones comunes que igualmente los explican de acuerdo con el cuadro anexo.
Resulta excepcional que una misma persona, grupo o generación reúna simultáneamente la capacidad de advertir la crisis antes de que se haga evidente, postular un proyecto alternativo y, llegado el momento, procurar su realización.
Por ello, resulta inútil una definición genérica del liderazgo y su aplicación mecánica al fenómeno político, donde mejor y naturalmente despunta su naturaleza, características y alcances.
Lo anticipatorio y lo transicional permiten distinguir tiempos y funciones, pero también revelar cómo un liderazgo puede trascender al dirigente que inicialmente lo ejerce, institucionalizándose y multiplicándose.
La anticipación descubre una posibilidad histórica, dándole a la observación y la denuncia el vuelo de la imaginación; la transición obliga a la construcción política de esa posibilidad sometida a las inclemencias de una realidad impostergable.
No siempre se complementan uno y otro liderazgo en el terreno de la lucha persistente, árida y desigual.
En la vida política hay tareas crecientemente compartidas que tienden a la especialidad para alcanzar con eficacia las metas comunes, aunque no es frecuente que, al mismo tiempo, destaquen por conjugar el pensamiento y la acción con la posterior e inesperada obligación de gobernar; añadidura circunstancial, pues la trascendencia política no la garantiza solamente el desempeño de altas posiciones ejecutivas del Estado.
Y, así, en el segundo mandato de Rafael Caldera, fueron las circunstancias las que llevaron a Teodoro Petkoff y a Abdón Vivas Terán a ocupar importantes funciones públicas, conocidos como recios polemistas y comprometidos activistas de partido en aceras contrarias, décadas atrás.
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