El liderazgo de la ultraderecha en América Latina, por Diego M. Raus
X: @Latinoamerica21 El presidente argentino Javier Milei, como otros líderes políticos de la extrema derecha, busca instalar la idea del liderazgo de las nuevas derechas latinoamericanas.
Pero si bien ha habido un crecimiento importante de gobiernos de esta ideología, cabe analizar si estas nuevas derechas gobernantes son tan homogéneas como para necesitar, o al menos sostener un liderazgo político a nivel regional, algo así como un primus inter pares.
Y, en segundo término, si estas derechas tienen, o creen tener, una proyección política lo suficientemente extendida en el tiempo como para conformar un bloque de poder en América Latina.
El triunfo electoral, luego de cuatro intentos, de Keiko Fujimori en Perú amplió el mapa de la derecha latinoamericana: Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, Peña en Paraguay, Paz en Bolivia, Kast en Chile, De la Espriella en Colombia, Bukele en El Salvador, Asfura en Honduras, Mulino en Panamá.
Flotando queda el antecedente de Jair Bolsonaro en Brasil y el intento electoral de Flavio Bolsonaro para noviembre.
Un mapa político ideológico nutrido que confronta directamente con la hegemonía de gobiernos de izquierda de la primera década del siglo XXI.
Estos liderazgos se definen, autoperciben y promocionan como gobiernos de derecha.
Pero, ¿qué tipo de derecha? ¿O cabe decir que existen varios tipos de derecha? Hay un denominador común en estos gobiernos: una férrea adopción y puesta en marcha de los fundamentos de la economía de mercado.
Estabilidad macroeconómica, control del déficit fiscal y, por ende, del gasto público, incentivos a la inversión privada transnacional, reducción del Estado, tanto en su rol económico como en regulaciones de la economía y en el empleo público.
Pero tras este recetario compartido hay dos visiones diferenciadas respecto a la visión del orden social y político.
Por un lado, ciertos gobiernos tienen una agenda conservadora por la cual quieren dejar su marca a partir de políticas que reviertan ciertos derechos y costumbres que dejó el giro a la izquierda de principios de siglo.
Algo así como una agenda política antiwoke que revierta o desplace derechos en torno al género, a la sexualidad, a las minorías, a las migraciones y a ciertos movimientos sociales.
Reestablecer un orden social más tradicional, menos movilizado y con capacidad de controlar y procesar negativamente nuevas demandas sociales.
Los gobiernos de Kast, Peña, Fujimori, Paz, representarían este ideario conservador.
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