Costa Rica, entre la nostalgia y la bronca, por Enrique Gomáriz Moraga
X: @Latinoamerica21 Desde hace unos años, en Costa Rica los datos muestran el establecimiento de dos visiones de país profundamente diferenciadas, tanto en el campo económico estratégico como en el sociocultural.
Dos hechos ocurridos en agosto reflejan más explícitamente las dimensiones y características de ambas visiones: la concentración del pasado 6 de agosto en la Plaza de la Democracia en favor del régimen democrático y el poder judicial, y, una semana más tarde, la publicación de los sondeos de opinión sobre la gestión de la presidenta Laura Fernández, a cien días de iniciado su gobierno, cuyo apoyo se sitúa por encima del 74 % de las personas consultadas.
Esta es una cifra récord en la historia política nacional, sobre todo si se tiene en cuenta que las encuestas fueron realizadas después del plantón de la oposición.
Sin embargo, ello no disminuye la significación política del plantón.
Más bien identifica su naturaleza.
Se trata de una demostración activa y exitosa de un segmento ciudadano, en buena medida reflejo de la unidad de acción de las fuerzas opositoras al gobierno, que, sin embargo, es claramente minoritaria respecto de la opinión del conjunto de la ciudadanía.
Una vez más, se demuestra que la capacidad de movilización de las minorías dista de representar la percepción ciudadana mayoritaria.
Un fenómeno frecuente a nivel mundial.
No obstante, esa oposición minoritaria está dotada de una argamasa sociocultural no menos robusta que la que representa el proyecto refundacionista de la presidenta Fernández.
En realidad, lo que hoy une a la representante neoliberal del partido socialcristiano con la representación izquierdista del Frente Amplio y la fracción socialdemócrata de Liberación Nacional es, sobre todo, la defensa de las tradiciones políticas de la democracia costarricense del pasado, claramente exitosas a nivel continental.
Frente a esa percepción nacional se ha levantado un proyecto de cambio del país con argumentos no menos contundentes.
Según su relato, se trata de sacar a Costa Rica del entrabamiento que supone la no puesta en marcha de las reformas estructurales planteadas por distintos actores desde fines del siglo pasado.
Y para hacerlo no ha resultado posible avanzar por la vía del –siempre sobrevalorado– consenso tico tradicional, implementado a través de las élites, sino mediante una ruptura de la tradición política, fielmente representada por la victoria desafiante del outsider Rodrigo Chaves al inicio de 2022.
Las características políticas y personales del presidente Chaves agudizaron los rasgos ásperos de esa ruptura, que, además del irrespeto por las tradiciones políticas nacionales, mostró una inclinación a llevar adelante su programa contra viento y marea, incluyendo comportamientos autoritarios.
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