Persistir para transformar
Cada mañana, Sísifo empuja una roca hasta la cima de la montaña; la piedra desciende inevitablemente y el esfuerzo comienza otra vez. La mitología griega enseña esta escena como un castigo interminable. El filósofo francés Albert Camus encontró allí una pregunta decisiva, ¿qué hacer cuando el camino parece repetirse sin ofrecer recompensas?
En El mito de Sísifo (1942), Camus invita a imaginar feliz al protagonista. Su fuerza reside en la lucidez con que enfrenta su condición y en la decisión de continuar. Esa lectura ofrece una lección para la ciencia, con una salvedad, pues investigar exige que cada ascenso deje algo valioso para el siguiente.
Un laboratorio que repite un experimento para comprobar resultados cumple una tarea distinta de aquel que reproduce los mismos errores. En el primer caso, la repetición genera evidencias y mejora la precisión; en el segundo, el esfuerzo se consume sin memoria. Así, perseverar sirve cuando aprendemos, registramos y compartimos cada intento.
La investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) avanzan de esta manera. Una hipótesis descartada puede evitar años de trabajo improductivo, mientras que una medición repetida durante décadas permite detectar cambios difíciles de percibir. Un prototipo fallido ayuda a mejorar el siguiente y una técnica modesta, si está bien documentada, puede convertirse en la pieza clave de una solución decisiva.
Pensemos en el monitoreo sísmico del territorio. Cada evento registrado, cada instrumento calibrado y cada serie de datos preservada amplía nuestra capacidad para estudiar la realidad de lo que se avecina. Ese trabajo cotidiano, distante de los grandes titulares, permite desarrollar mejores modelos de amenaza y estrategias de protección de vidas.
Ahora bien, Sísifo también interpela a quienes diseñan políticas públicas. Cuando un proyecto comienza desde cero tras algún cambio administrativo, cuando se desconocen los antecedentes o se disuelven equipos expertos, la piedra vuelve irremediablemente al pie de la montaña. En cambio, sostener el financiamiento, formar a nuevas generaciones, preservar la infraestructura y evaluar los resultados permite alcanzar nuevas alturas. Para reconocer la sutil diferencia, es importante distinguir entre insistir y aprender. La persistencia está justificada cuando hay preguntas bien formuladas, métodos verificables, resultados documentados y disposición para corregir el rumbo. Además, es crucial identificar cuándo abandonar una ruta ya agotada para explorar otras alternativas. De este modo, se rompe el ciclo revisando el procedimiento sin perder de vista el propósito.
Finalmente, la enseñanza más valiosa de Camus para las actividades de I+D+i va más allá de la imagen del individuo y su roca. Un país progresa cuando convierte miles de pequeños esfuerzos discretos en competencias compartidas. Transferir es transformar. Cada dato veraz, cada investigador formado y cada tecnología probada sirven de apoyo a quienes vienen detrás. La cima, entonces, deja de ser un destino para convertirse en el punto de partida de nuevas y extraordinarias posibilidades.
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