Un cierto clima gelatinoso
Atravesamos una atmósfera de tenor espeso, lento. En él conviven "varias Venezuela", con intereses, prioridades, distintos. Un primer país mayoritario, cohesionado aún por el último ejercicio soberano del 28 J, la elección de Edmundo, liderado por María Corina Machado.
Es el país atizado por la urgencia del cambio, la Venezuela de los juegos del hambre, martirizada por la miseria, salarios de control, servicios básicos prende y apaga, de escuelas sin comedor, techo y baño. La que sufre los presos políticos, torturados, los crímenes de lesa humanidad, los campamentos familiares, 24/7., frente a las mazmorras del régimen. Este es el país que añora un nuevo CNE, no partidista, un registro electoral higienizado, participación electoral de la diáspora, elecciones libres, transparentes, con observación internacional. Un segundo país, minoritario, en comisión, modelo diálogo, flota sobre la nación como una nata, oficializada, "para representarnos", todo lobby, tiempo, confort, abundantes, como si de las discusiones en París de la Guerra de Vietnam, se tratara. Nos referimos a las implicaciones intercontinentales, dimensiones militares, geopolíticas, económicas. Este "país" tiene una relación con el tiempo tan cómoda, elástica, que deja espacio para la sospecha de favorecer el tiempo del régimen en el poder. También hace pensar que una agenda invisible, ventajosa, sobrevuela esas reuniones y acuerdos.
También se respira, se palpa un “país generalizado", sabio, silente, curtido en la esperanza y el discernimiento en el largo combate cotidiano, resiliente, mimetizado en la esquina, el trabajo, en la tienda, la oficina, la universidad, las labores domésticas. Este país levantado sobre sustratos de miedo y esperanza. El país que está pendiente del regreso de María Corina como insospechada depositaria de su fe de cambio, que confía en su coherencia, claridad de propósitos, espiritualidad y valentía. El país que en medio de sus dificultades corrió a la Guaira, a los sitios del desastre sísmico, sin pensar en las réplicas, solo con sus manos, sentido humanitario y solidaridad, para asumir la condición humana que no es posible imaginar en quienes destruyeron al país, arrojaron a la Nación Venezolana a la pobreza, la represión, la corrupción, sin poder destruir su esperanza en el cambio.
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