Venezuela: entre la estabilización y una transición que aún no comienza, por Freddy Marcano
Venezuela atraviesa un momento político difícil de definir.
Desde enero se han producido movimientos, acuerdos y reacomodos que parecen anunciar el comienzo de una nueva etapa, mientras el gobierno de Estados Unidos cumple un papel determinante como garante y articulador del proceso.
Sin embargo, conviene no confundir estos cambios con el inicio de una transición democrática.
El país tiene hoy un gobierno interino cuya principal tarea debería ser conducir una etapa excepcional hacia la recuperación institucional y, finalmente, hacia unas elecciones que permitan a los venezolanos decidir y otorgar legitimidad a quienes asuman la conducción del Estado.
Lo que parece estar ocurriendo, por ahora, se asemeja más a una estabilización política y económica que a una transición propiamente dicha.
Los textos y autores consultados, que nos ofrecen una referencia clara para este análisis, ayudan a comprender que las transiciones no ocurren simplemente porque cambien algunos actores o porque comiencen negociaciones.
Requieren modificar progresivamente las reglas del poder y crear condiciones para que una nueva institucionalidad pueda sostenerse.
Desde esa perspectiva, Venezuela parece encontrarse todavía en una etapa de reacomodo.
Se intenta ordenar la economía, recuperar la industria petrolera, reconstruir las capacidades del Estado y reducir los factores de inestabilidad.
Todo ello puede ser necesario, pero todavía falta lo esencial: definir cómo esa estabilización conducirá a una democracia legitimada por el voto.
El riesgo radica en que la necesidad de poner orden termine ocupando el lugar que corresponde a la construcción de una nueva institucionalidad.
En este escenario, el petróleo vuelve a situarse en el centro de la política venezolana.
Conviene no olvidar el hito que representó su nacionalización: más allá de los errores posteriores en la gestión de la industria, aquella decisión permitió que Venezuela asumiera directamente el control de su principal recurso y destinara una parte sustancial de la renta petrolera a financiar carreteras, hospitales, escuelas, servicios públicos y programas de desarrollo.
El petróleo se consolidó así no solo como una fuente de ingresos, sino también como un instrumento de soberanía.
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