Qué descubrí cuando viajé de España a Nigeria para enfrentar al estafador que sedujo a mi madre
“No me parecieron tan sofisticados. No me parecieron tan inteligentes… Eso me dejó boquiabierto”.
Cuando Carlos Barragán viajó de Madrid a Lagos para localizar al hombre que había estafado a su madre con un romance ficticio, esperaba encontrarse con un criminal experto.
Como periodista de investigación, el joven español había logrado rastrear la dirección de IP desde donde fueron enviados los correos.
Fue así como descubrió que Brian, el apuesto soldado estadounidense sirviendo en Siria, no existía: los mensajes de aquel supuesto amor intempestivo en verdad provenían de Nigeria.
“ Era muy romántico y apasionado desde los primeros correos. A mi madre le encantaban esas palabras tan bonitas”, dice Carlos a la BBC sobre Silvia.
Pero al llegar a Lagos, Carlos se vio inmerso en una búsqueda de cuatro años que culminó ahora con la publicación de su libro Los Yahoo Boys.
Ese es el apodo que reciben en Nigeria los jóvenes que hacen estafas online, los cuales a menudo tienen poca educación, bajos recursos y escasas oportunidades.
La experiencia no solo puso en tela de juicio sus prejuicios sobre el hombre que estafó a su madre, sino que también le hizo cuestionar el impacto de la soledad en el mundo moderno.
Carlos describe a Silvia como una mujer fuerte e independiente, que abrió su propia clínica dental en España antes de cumplir los 30 años.
Quizás por eso a él y sus dos hermanos mayores les pareció tan extraño darse cuenta de que su madre estaba cayendo en las redes de un estafador.
Un correo electrónico que ella envió a Brian dejaba entrever el motivo de su vulnerabilidad.
“Cuidé de mi madre, luego de mi hermana pequeña, después de mi marido y de mis hijos. Toda mi vida he cuidado de los demás y ahora quiero a alguien que cuide de mí”, escribió Silvia, quien entonces tenía 55 años y llevaba cerca de una década divorciada.
De hecho, fue el propio Carlos quien, meses antes, se había dado cuenta de que su madre se sentía sola y la había animado a descargarse la aplicación para citas Tinder.
Fue allí donde en diciembre de 2015 Silvia conoció a Brian, quien decía tener 52 años y estar divorciado.
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