La importancia de querer saber, por Luis Ernesto Aparicio M.
Hace algunos días, en una conversación, por demás interesante, con uno de los grandes amigos que me ha dejado la política, de esos que todavía nos acompañan, hablábamos sobre la importancia de contar con un plan de trabajo bien organizado, sobre todo para quienes tienen aspiraciones de ocupar cargos de elección popular.
Nuestro intercambio se enfocó en quienes suelen tener en mente el puesto de mayor responsabilidad para quienes resulten beneficiados por el deseo y la elección de los ciudadanos: la Presidencia de la República, sea cual fuere el país.
Coincidíamos en que, por ser este el cargo de mayor relevancia y el que puede producir mayores efectos, positivos o negativos, sobre los ciudadanos, resulta fundamental conocer su programa de gobierno, es decir, todo aquello relacionado con las políticas públicas que pretende desarrollar.
Sin embargo, más adelante comenzamos a discrepar sobre las responsabilidades que corresponden, por una parte, a los políticos en cuanto a la manera de dar a conocer sus planes de trabajo y, por otra, a los ciudadanos en cuanto a la necesidad de conocerlos.
Partíamos del principio de que los políticos deberían, aunque fuera mediante un esfuerzo mínimo, conocer los problemas de los ciudadanos y, a partir de ese conocimiento, elaborar sus programas de gobierno.
Estos deberían contener objetivos definidos, una misión puntual y, sobre todo, una visión que permita imaginar cómo esperan concluir su período de gobierno y cuáles serán los beneficios de sus políticas, tanto para quienes los eligieron como para aquellos que no lo hicieron.
Hasta allí, todo parece marchar de acuerdo con lo que debería ser.
La discrepancia apareció cuando hablamos de la responsabilidad de dar a conocer esos programas y de la responsabilidad ciudadana de enterarse de ellos.
Mi amigo sostenía que corresponde a los políticos informar sobre sus programas de gobierno y que los ciudadanos no deberían tener que salir a buscar información sobre los planes de quienes aspiran a contar con su respaldo.
Si bien es cierto que los políticos, a quienes desde ahora llamaremos candidatos, tienen la responsabilidad de informar con claridad sobre lo que pretenden hacer, no es menos cierto que los ciudadanos tenemos también el deber de buscar la información necesaria para conocer quién es el candidato, qué propone y, sobre todo, cómo pretende convertir sus propuestas en políticas públicas.
A pesar de ser un comunicador de formación, sostengo este argumento porque, cuando dejamos toda la responsabilidad en manos de los candidatos, corremos el riesgo de quedarnos en el círculo de la manipulación y el algún engaño que suele aparecer durante las campañas.
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