Armando Info: Una estructura prefabricada de favores
El entendimiento entre José Gregorio Bracho Reyes, diplomático venezolano en Turquía, y Selim Bora, presidente de la compañía constructora Summa, fue a la vez catalizador y subproducto del proyecto urbanístico ‘Hugo Chávez’ de Playa Grande, que quedó en ruinas con el doblete sísmico del 24 de junio y hoy se encuentra en proceso de demolición. Mientras Bracho se hacía de un apartamento en Barcelona? (España), propuso que Bora fuera nombrado por su cuñado, el entonces canciller Calixto Ortega, como Cónsul Honorario de Venezuela en una exclusiva ciudad-balneario del Mediterráneo.
Entre las ruinas del complejo de viviendas Hugo Chávez en Playa Grande, estado La Guaira (hasta 2019, estado Vargas), una imagen sorprendió a los sobrevivientes, primero, y luego a los corresponsales internacionales que llegaron a la zona del desastre horas después del doble terremoto que estremeció a Venezuela el pasado 24 de junio: esqueletos metálicos retorcidos, hundidos en la tierra o escorados, ?algunos chamuscados por incendios, recubiertos de algo que a simple vista parecía gomaespuma.
La presunta gomaespuma en realidad era una fibra de vidrio que funcionaba como aislante térmico entre las paredes de drywall -yeso y papel- y los listones plásticos color celeste que revestían las fachadas de las 196 torres que, entre 2011 y 2015, allí levantó con estructuras prefabricadas la empresa Summa, una constructora turca hasta entonces desconocida en el país, pero con trayectoria en la edificación de obras civiles como estadios y aeropuertos en África y Europa del Este.
El propio Hugo Chávez definió?, en vida, el proyecto como “una maravilla” y destacó la “tecnología muy apropiada para esta zona frente al mar” durante una apresurada visita de inspección, transmitida por televisión en agosto de 2012, cuando aún la obra estaba en construcción y el Comandante Eterno se adentraba en la que sería su última campaña electoral.
Documentos obtenidos ahora por Armando.info para esta historia revelan la trama de favores y relaciones que se tejió entre funcionarios del régimen venezolano y ejecutivos de Summa tras lograr el contrato, así como los verdaderos costos del proyecto, que supusieron un valor promedio de hasta 76.287 dólares por vivienda.
En la elaboración de esta otra “maravilla”, pero de influencias en vez de urbanismo, destacan dos nombres. Se trata de los de Selim Bora, presidente e hijo del fundador de Summa, y de José Gregorio Bracho Reyes, quien estuvo 15 años como representante diplomático de Venezuela en Turquía, primero como cónsul y luego como embajador. Las trayectorias ascendentes de ambos transcurrieron de manera simultánea, alimentándose una a otra: Summa concretaba sus negocios en Venezuela, y Bracho Reyes ampliaba su proyección como diplomático, donde apenas tenía experiencia.
Cercanía y paralelismo se sumaron para dar lugar entre ambos a un esquema de intercambio de prebendas, que incluyó una moción de Bracho para designar a Bora como Cónsul Honorario de Venezuela en una lujosa ciudad-balneario sobre la costa mediterránea de Turquía.
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