Gehard Cartay Ramírez: La urgencia de las elecciones presidenciales y de la Asamblea Nacional
Resulta realmente inaudito que todavía existan quienes no se dan cuenta, o fingen no hacerlo, de que la prioridad para salir de la descomunal crisis que nos agobia no es otra que celebrar cuanto antes elecciones presidenciales y de la Asamblea Nacional.
Claro está que esa prioridad lleva apareada la designación urgente de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y de un nuevo Consejo Nacional Electoral -aunque sean con carácter interino-, así como la liberación plena de los presos políticos, la eliminación de las inconstitucionales inhabilitaciones políticas y, por supuesto, la fijación de un cronograma electoral de las comicios regionales y municipales, con posterioridad a las elecciones nacionales.
Tal sería, en mi opinión, el orden de las prelaciones que debe asumir la comisión instalada para buscar soluciones a la crisis que sufre Venezuela y que suponemos intentará resolverse cuanto antes.
Destaco como prioritarias las elecciones presidenciales y de la Asamblea Nacional, conjuntamente con el nombramiento de un nuevo TSJ y un nuevo CNE, porque estamos asistiendo a un peligroso vacío de poder ya que la persona que hoy dice ser presidenta de la República no fue elegida por nadie y carece, por tanto, de legitimidad para desempeñar esa alta responsabilidad.
Y en cuanto a la actual Asamblea Nacional, debe recordarse su irregular elección en 2025 y su peculiar conformación contrariando las disposiciones constitucionales al respecto.
No hay que olvidar, por supuesto, el golpe de Estado contra la voluntad popular ocurrido el 28 de julio de 2024 cuando Edmundo González Urrutia fue electo por abrumadora mayoría como presidente de la República.
Entonces, los que siguen mandando, pero a la sazón con Maduro a la cabeza, no tuvieron escrúpulos para robarse descaradamente aquellas elecciones ante los ojos de Venezuela y del mundo.
Inmediatamente desataron una ola de represión sin precedentes, iniciada esa misma noche cuando empezaron a detener a los representantes opositores en las mesas electorales, al mismo tiempo que ocultaron las urnas de votación, cuyo destino se desconoce hasta ahora, al igual que las actas remitidas al CNE, que nunca aparecieron tampoco.
Como se sabe, solo las actas en manos de la oposición democrática sirvieron para demostrar los verdaderos resultados en aquella ocasión frente a los que anunció el régimen, falsos desde todo punto de vista.
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