Maracaibo no es una utopía: la máquina del cambio ya encendió, por Joaquín Chaparro Oliveros
Por ahí andan diciendo que la reconstrucción de Maracaibo y de Venezuela es un sueño imposible. ¡Imagínate esa! Se equivocan de cabo a rabo: la transformación ya comenzó y a esta fuerza no la detiene nadie.
Tengo 70 años echando raíces en este terruño.
En sus 497 años de fundada, la ciudad recibió su peor versión; estuvimos rodando de mal en peor, pero hoy la cosa cambió: vamos de un mal trance hacia un futuro infinitamente mejor.
Pertenezco a esa generación que corrió por otra Maracaibo cuando era más chamo; otro país, pues.
Vi lo grande, bonita y próspera que era nuestra ciudad y la disfruté sanamente hasta saciarme de felicidad.
Sé perfectamente que ese pasado no volverá calcado, pero hoy nos resteamos con todo para que renazca una versión muchísimo mejor que la que nos tocó vivir a nosotros.
No estoy pidiendo milagros.
Aspiro a lo que nos ganamos a pulso: más y mejor democracia, un liderazgo nuevo con un arcoíris de rostros frescos, justicia de verdad, prosperidad y libertad.
Trabajo por una Maracaibo donde nuestros hijos y nietos puedan venir a visitarnos sin el bendito temor de ser frenados en un aeropuerto solo por llevar el pasaporte venezolano.
Seamos claros: la reconstrucción total no va a ocurrir de la noche a la mañana a punta de pura “voluntad política,” aunque la rueda de la historia ya empezó a girar.
El desmontaje de casi treinta años de ruina estructural e institucional, burocracia y clientelismo requiere tiempo, cabeza fría y el respaldo firme de nuestros aliados internacionales, con Estados Unidos a la cabeza.
María Corina Machado representa algo sagrado para millones de maracaiberos y venezolanos: es la esperanza hecha carne.
Pero la cosa no se queda ahí.
Ni la mejor líder del mundo puede levantar un país ella sola.
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