El sísifo venezolano: Lucidez y resistencia creadora ante lo absurdo
"El esfuerzo mismo hacia las cumbres basta para llenar el corazón de un hombre" Albert Camus En la obra de Albert Camus, Sísifo es condenado por los dioses a empujar eternamente una roca hasta la cima de una montaña solo para verla rodar cuesta abajo y recomenzar.
Durante décadas, la cotidianidad en nuestro país ha encarnado ese mito: levantarse a resolver o sobrellevar asuntos que van más allá de sus responsabilidades, como las deficiencias de servicios básicos, ligando que no se vaya la luz, que el agua alcance para sus necesidades básicas o que el vetusto vehículo cumpla su trajinado cometido.En fin de cuentas, sobrellevar la pesada carga del peñon de la inflación y subir una y otra vez la incertidumbre de esa accidentada cuesta política simula ese mismo fardo pendiente arriba.
Sin embargo, lejos de sucumbir al desaliento, el país ha respondido con un pragmatismo estoico digno de un Viktor Frankl criollo que desmantela el "suicidio socio-politico" — la entrega y sumisión a promesas mesiánicas o dogmas arcaicos, y ahora toma necesario y reflexivo aliento para exhalar las exigencias frontales a las negociaciones de la condicionada Mesa de Negociación — para abrazar la realidad con lucidez implacable, con medurada prudencia y con cívica observación.
Frente al caos, desatado por la criminal irresponsabilidad de un régimen más falso que una escalera de anime y campeón absoluto en ineficiencia, violencia, injusticia y corrupción ( trabas que forman parte de la inclemente cuesta) la sociedad ha activado tres respuestas existenciales que dotan de valor el día a día: Rebelión : La negativa a rendirse reflejada en seguir educando, levantando la santamaría de un negocio o preservando la dignidad familiar como acto de protesta.
Libertad y autogestión: La emancipación ante la fragilidad, la opacidad, la negligencia y las triquiñuelas del régimen, y sus secuaces; para reinventarse mediante redes de apoyo vecinal, comedores comunitarios y proyectos independientes.
Un ejemplo de ello lo vemos con esa ciudadanía que a " mano pelada" hizo lo imposible por socorrer a las víctimas del terremoto.
Pasión e inventiva: La preservación del afecto, la sátira política como trinchera y la creación artística para arrebatarle al colapso su capacidad de paralizar.
Nos burlamos con sana satira de este Oscurantismo contemporáneo como juglares medievales de un versión tropical de la Divina Comedia.
Esta dinámica constituye una verdadera resistencia creadora: la capacidad no solo de resistir el impacto, sino de transformar la carencia en producción social, económica y cultural.
No se limita a soportar el peso del peñón, sino que rediseña la forma de empujarlo.
Sin embargo, esta adaptación entraña un doble filo.
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