La escuela que soñaba Popper: el ensayo educativo que dejaron los terremotos en Venezuela
En la Venezuela Tierra de Gracia que se está construyendo, Karl Popper emerge como un guía inesperado, pero profundamente pertinente.
El 12 de mayo de 2026, en Harvard, María Corina Machado presentó las líneas centrales de su plan educativo en el evento “Beyond Oil: Education for Growth, Inclusion, and Human Flourishing in Venezuela”.
Entre las acciones prioritarias de los primeros cien días destacaba la decisión de comenzar con pruebas piloto controladas de váucheres e innovación con inteligencia artificial.
Ese punto entre las prioridades es el meollo de toda la reforma porque, de esos pilotos, saldrán las conclusiones para un modelo replicable, que se extienda desde abajo hacia arriba.
Popper y la educación Popper fue, en su juventud, profesor de escuela de matemáticas y física.
Vivió el sistema educativo inspirado en el modelo prusiano y entendió rápidamente el objetivo primordial de los sistemas estatizados y centralizados.
Por eso rechazó con firmeza el modelo “cubo” o “balde” de la educación: la idea de que la mente es un recipiente vacío que el maestro debe llenar le resultaba tan improductiva como el inductivismo en ciencia.
Tanto el niño que aprende como el científico que investiga avanzan de la misma forma: mediante conjeturas audaces y refutaciones rigurosas.
El aprendizaje genuino ocurre cuando se plantean problemas, se aventuran hipótesis, se cometen errores y se corrigen a través de la crítica.
La escuela soñada puesta a prueba “ Trabajaba en este artículo antes de los terremotos del 24 de junio de 2026.
Hoy, apenas dos meses después, ya no es solo una propuesta: es una realidad que estamos viviendo con nuestras propias manos.
Este ha sido un periodo de desgracias y sufrimientos, de negligencia gubernamental y de prueba, una más, de que nos toca a los venezolanos rescatarnos a nosotros mismos “,puntualiza el fundador de El Bello Árbol, Antonio Canova González.
“ Los Campamentos de Resiliencia que impulsamos desde la red de microescuelas de El Bello Árbol y que se activaron semanas después de la tragedia son, precisamente, esa escuela soñada puesta a prueba en las condiciones más extremas “, destaca González.
Tras los terremotos, veinte educadoras de Montalbán, Bejuma, San Juan de los Morros, San Carlos, Turmero y Naguanagua transformaron sus espacios en campamentos de seis semanas.
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