«Deus vult», por A. R. Lombardi Boscán
«Si Dios no los ilumina, nosotros los aniquilamos».
Precepto muy piadoso que sirvió de filosofía religiosa y alimento emocional a los Cruzados cuando se propusieron invadir Asia Menor entre los años 1096 y 1099.
Previamente, en el siglo VII, luego de la muerte del Profeta Mahoma, los ejércitos árabes invadieron el norte de África y controlaron toda la cuenca Mediterránea.
El mundo árabe, de religión musulmana, también adoptó otro misericordioso pretexto para asesinar con justificación y sin vergüenza: la Yihad. «Cuando tengáis un encuentro con los que se niegan a creer en Alá golpeadlos en la nuca y una vez los hayáis dejado fuera de combate, apretad las ligaduras».
Muhammed 47:4, en el Corán.
El ser humano, poliédrico, ha utilizado a Dios para hacer la guerra.
Y si Dios está con nosotros, la invencibilidad es una insignia de poder superior.
Urbano II, en el Concilio de Clermont (1095), lanzó todo un grito de guerra: «Deus vult».
Cuya traducción exacta es: «¡Dios lo quiere!».
En ese tiempo los Papas eran príncipes, reyes y guerreros.
También tiranuelos y pillastres.
Y la religión mandaba sobre sociedades precarias con apenas ciudades y comercio.
El ataque musulmán, según Henri Pirenne (1862-1935), una autoridad clásica en el tema, fue devastador e hizo de Europa una periferia.
Con el Mediterráneo convertido en «Lago musulmán» Europa se empobreció.
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