Ensanchando libertades, por Gregorio Salazar
X: @goyosalazar Desde el momento en que se produjo la extracción militar de Nicolás Maduro y su sometimiento a juicio en una corte de los Estados Unidos, una oleada de esperanza, una enorme expectativa de cambios democráticos se installed en la sociedad venezolana y no ha cesado por un momento.
Cada vez más se reafirma la exigencia de elecciones presidenciales con todas las garantías necesarias.
El fraude del 28 de julio y los subsiguientes en las dos elecciones regionales habían dejado obstruida, quién sabe por cuánto tiempo, la ruta de los comicios en Venezuela. ¿Quién volvería a votar en este país con Maduro en Miraflores y Amoroso y su corte instalados en el CNE? Salir de Maduro reanimó el espíritu libertario de todos los sectores democráticos de Venezuela y la exigencia se volcó primeramente sobre la plena vigencia de los Derechos Humanos.
La aprobación de la Ley de Amnistía, con todas las deficiencias y lenta aplicación, fue una primera muestra de que un viraje inevitable estaba comenzando a producirse en un régimen vapuleado en lo más alto de su cúpula.
Y aunque se quiso ralentizar el proceso, la renovada presencia de los ciudadanos en la calle, familiares de detenidos, sindicalistas, gremialistas, estudiantes, voceros políticos, hizo que este rebasara la contención del régimen.
Rodaron, además, el Fiscal General y el Defensor del Pueblo, ya en el colmo del desprestigio nacional.
En la exigencia de la restitución plena de las garantías constitucionales el reclamo sigue in crescendo.
La libertad de los presos políticos se convirtió en una cruzada nacional y de los más de 2 mil que había a comienzos de años, el número se había reducido a 328 al primero de agosto, según las cifras de los incansables integrantes del Foro Penal.
Pero la lucha continúa hasta lograr la libertad plena de todos.
Es cierto que el régimen recibe un apoyo excesivo e incomprensible de sus tutores norteamericanos.
Delcy Rodríguez es elogiada, ponderada, magnificada en sus «aciertos» y su eficiencia y ahora parece que invitada a la asamblea general de la ONU, donde a no dudarlo los representantes de las naciones democráticas del mundo vaciarán la sala apenas la vean frente al micrófono.
Es verdad también que los actores que han sido el rostro de la opresión y el despotismo en Venezuela quieren dar la idea de que siguen tan fuertes como antes, que eludirán la cárcel, que ya los gringos les han condonado sus innumerables crímenes y faltas a la leyes.
Todavía se burlan y amenazan.
Sin embargo van cediendo al impulso del reclamo social cada vez más vigoroso de una sociedad civil convencida de que la libertad de Venezuela será una realidad a corto plazo y que el impulso definitivo se lo dará las elecciones presidenciales.
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