Las cicatrices de los presos políticos: Torturas, juicios sin pruebas y el terror por volver a la cárcel
Para las familias de los prisioneros políticos en Venezuela, el momento en que se abren los portones de un centro de reclusión tras años de encierro no representa el punto final del calvario.
La obtención de medidas cautelares bajo régimen de presentación periódica ante los tribunales ha devuelto a decenas de ciudadanos al seno de sus hogares, pero dista de ser un acto de justicia.
Por lapatilla.com El impacto devastador de la privación de la libertad, marcado por proyectos de vida truncados, el quiebre económico y emocional de las familias y el miedo por que lo vuelvan a meter presos, mantiene a los excarcelados y a sus seres queridos en una condición de vulnerabilidad.
Las vivencias del comisario José Gregorio Trejo y del oficial jefe Juan Carlos Macualo Orozco, ambos oriundos del estado Apure, ilustran un patrón de detenciones basado en delitos inventados por funcionarios de cuerpos represivos.
Las personas son sometidas a largos periodos de incomunicación, torturas físicas y psicológicas e irregularidades judiciales.
La detención del comisario Trejo se ejecutó a través de un engaño.
Fue convocado a una supuesta reunión con directivos de la policía regional para abordar la aplicación de un amparo constitucional dictado a su favor por el Tribunal Superior Contencioso Administrativo, el cual ordenaba el respeto a sus derechos laborales tras abusos en su proceso de jubilación.
Mientras se desplazaba en motocicleta junto a su hijo, fue interceptado violentamente por personas no identificadas en un vehículo sin rotulación.
Lo bajaron de la moto, lo encapucharon, lo esposaron y lo trasladaron a Caracas, manteniéndolo incomunicado de sus familiares.
Lo desaparecieron por varios días, lo que obligó a sus hijos y abogados a tratar de ubicarlo en Caracas.
En la capital, el comisario fue trasladado a La Carlota, donde pretendieron obligarlo a grabar una confesión en video siguiendo un libreto.
Ante su negativa, fue remitido al Sebin en Boleíta.
Allí, Trejo permaneció aislado, incomunicado y sometido a torturas: en la celda estuvo bajo una iluminación incandescente continua, música a alto volumen y temperaturas extremadamente bajas.
A pesar de que en el expediente no se presentó ninguna prueba, se le imputaron los delitos de traición a la patria, terrorismo y asociación para delinquir.
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