La frontera no les importa: el diagnóstico que pone en duda la voluntad de Venezuela y Colombia para recuperar la paz en el Arauca
“A ninguno de los tres actores claves de Venezuela le importa ni la frontera, ni el narcotráfico, ni la paz de acá”.
La afirmación de Carlos Franco, durante el conversatorio “La paz en el Arauca” , organizado por Dossier Venezuela y Analítica, resumió uno de los diagnósticos más incómodos del encuentro: mientras la frontera continúa marcada por la presencia de grupos armados, economías ilegales y ausencia estatal, las prioridades políticas de Bogotá y Caracas parecen estar lejos de atender de manera estructural esta realidad.
Franco, consultor y conocedor de la realidad del Arauca, advirtió que Colombia y Venezuela deben partir del reconocimiento de su interdependencia y complementariedad para reconstruir una relación fronteriza basada en principios de legalidad, paz, no violencia, democracia y respeto mutuo.
A su juicio, no basta con decisiones coyunturales de los gobiernos: ambos países necesitan establecer mecanismos de coordinación y propósitos comunes que permitan desarrollar una política fronteriza sostenida en el tiempo.
El planteamiento adquirió especial relevancia en una conversación que mostró cómo la frontera dejó de ser un espacio periférico para convertirse en un territorio donde confluyen el abandono estatal, el control territorial de grupos armados y una economía paralela que ha terminado condicionando la vida de las comunidades.
Javier Tarazona, profesor universitario y director de Fundaredes, describió la frontera como una “tierra de nadie”, caracterizada por el abandono de los servicios públicos, la educación, la salud y los productores agropecuarios.
En ese vacío, explicó, las organizaciones armadas han construido referentes de poder y una economía paralela que incluso ha logrado atraer y reclutar a jóvenes.
Tarazona insistió en que el problema no puede reducirse a la presencia de grupos irregulares.
Para él, la ausencia de políticas públicas ha llevado a que los Estados atiendan los síntomas, pero no las causas de la crisis fronteriza.
De allí su llamado a reconocer la realidad transfronteriza, abandonar la negación y colocar al ser humano y la dignidad de las comunidades en el centro de cualquier estrategia.
Desde la perspectiva colombiana, Franco señaló que el país nunca ha desarrollado una verdadera política de fronteras que combine seguridad, control territorial y desarrollo.
A esto se suma, explicó, la transformación de las dinámicas de los grupos armados, el narcotráfico, el contrabando, la corrupción y la utilización del territorio venezolano como retaguardia.
Ante este escenario, los panelistas coincidieron en que la recuperación de la frontera exige mucho más que operaciones militares o policiales.
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