América Latina y la paradoja de la igualdad
Lo que más me sorprendió al leer el recién publicado Global Gender Gap Report 2026 del World Economic Forum no fue que América Latina necesite todavía 60 años para alcanzar la paridad de género, sino que la Región que solemos asociar con mayores rezagos sociales, económicos e institucionales es, según este índice, la que llegaría más rápido a la igualdad de género. ¿Cómo puede América Latina, con sus profundas desigualdades y mientras todavía enfrenta enormes brechas económicas y políticas entre mujeres y hombres, proyectar un camino más corto hacia la paridad que regiones mucho más desarrolladas? El citado informe coloca a América Latina y el Caribe en el tercer lugar mundial con 74,5% de la brecha de género cerrada, por detrás de Europa, con 75,7%, y Norteamérica, con 75,2%.
Hasta aquí, nada demasiado sorprendente.
Lo verdaderamente llamativo aparece cuando el Foro mira la trayectoria de las regiones desde 2006 y calcula cuánto tardarían en cerrar completamente la brecha si conservaran el ritmo de progreso observado hasta ahora.
América Latina necesitaría unos 60 años , Europa unos 70, África subsahariana 102 y Norteamérica 108, o sea, nuestra región latinoamericana no es la que está más cerca de la paridad, pero sí la que, de acuerdo con la velocidad registrada durante las dos últimas décadas, avanzaría más rápidamente hacia ella.
Desarrollo económico e igualdad de género Esto obliga a desmontar una asociación bastante arraigada entre desarrollo económico e igualdad de género .
El propio World Economic Forum encuentra que la velocidad del progreso no está necesariamente asociada al nivel de recursos de una economía y señala que varias economías de ingresos medios han avanzado más rápidamente que países de ingresos altos durante las últimas dos décadas.
Entre las economías que han registrado algunos de los mayores saltos desde 2006 aparecen Namibia, Islandia, Ecuador, México, Guatemala, Francia, Bolivia, Chile y Nepal, una combinación que por sí sola debería hacernos desconfiar de la idea de que el crecimiento económico, el ingreso nacional o el nivel de desarrollo garantizan automáticamente una transformación más rápida de las relaciones entre mujeres y hombres.
La explicación está, en buena medida, en el punto de partida y en la velocidad del cambio.
El índice del WEF no mide cuánto se parece una sociedad a un ideal abstracto de igualdad , sino cuánto de la brecha entre mujeres y hombres se ha cerrado en cuatro dimensiones concretas: participación y oportunidades económicas, educación, salud y supervivencia y empoderamiento político.
Para calcular el tiempo estimado hasta la paridad, el informe utiliza la tasa promedio anual de progreso registrada desde 2006 y calcula cuántos años tomaría cerrar la brecha restante si esa velocidad se mantuviera.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en efectococuyo.com — el contenido pertenece a Efecto Cocuyo.