La libertad que no ha llegado
Por: Julio Túpac Cabello Uno tiene la impresión de que discute sobre Venezuela, analiza con otros los escenarios, propone ideas que pueden expandirse, multiplicarse, convertirse en una opinión que entre todos mejoremos, y no.
Es un ejercicio aislado.
La venezolana sigue siendo una sociedad enmudecida, en la que la mayoría de los medios de comunicación han sido cerrados, comprados o conculcados, los periodistas siguen siendo acosados por los grupos parapoliciales del chavismo y el régimen trata a quien le contradice como mercenario.
Las conversaciones entre la dictadura y los factores democráticos en las que supuestamente se discute el camino con el cual el país va a reinstitucionalizarse se dirime a puertas cerradas, sin informar, sin dar cuentas, sin que el país, eso que tanto dijeron representar, participe.
Apenas hay información, los periodistas no pueden estar cerca.
Todo es escondido.
Sigue pasando en Whatsapp, la gente dice las cosas a medias, mochas, nadie garantiza que, como ha ocurrido de sobra, cualquier elemento represivo del chavismo se acerque para inspeccionar tu teléfono y decidir qué hace con un meme que se burla del régimen, si te mete preso, te secuestra o te soborna.
La ley de la dictadura sigue considerando “odio” y “terrorismo”, dos vocablos que han adquirido flexibilidad y abundancia, para apresar, procesar, torturar y judicializar a todo quien se organice para luchar por sus derechos.
Usted puede ser encarcelado, torturado, secuestrado, privado de sus bienes o su familia puede ser atacada, en nombre de las leyes que utilizan como le da la gana al chavismo la palabra podio y terrorismo.
Además de liberar sin excepción a todos y cada uno de los presos políticos que quedan en las mazmorras de la dictadura, el régimen debe reabrir ya las compuertas de la comunicación, desbloquear el mundo digital interno y externo, devolver todas las señales y equipos que fueron confiscados y/o robados, prohibir definitiva y tajantemente las amenazas a quien diga lo que le dé la gana.
A veces parece que han naturalizado criminalizar todo lo que los discute.
Tienen demasiados años en el poder, mandando a carajazos, e incluso en sus intenciones más sofisticadas, los Rodríguez parecen creer que son legítimos apagando o descartando con insultos cualquier idea que no venga del seno de la mafia que los ha acompañado a gobernar por 28 años.
Van a ser 28 años desde que llegaron al poder.
Obviamente han olvidado que quien está en el poder sirve a los ciudadanos, que los roles reales son premodernos y pertenecen a la lógica imperial que tanto han dicho que critican, para terminar repitiéndola con una barbarie y primitivismo que Venezuela no vio ni durante el período de Gómez.
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