Farmear Aura, por Tulio Ramírez
X: @tulioramirezc Con mucha vergüenza debo confesar que, en mis tiempos de chamo y temprana adolescencia, las diferencias con mis contemporáneos las resolvíamos a pescozones.
Era una época en la que al parecer no había otra alternativa ante la afrenta.
El «te espero en la salida» era la alarma que activaba a toda la escuela.
En esa época, en las escuelas públicas de las barriadas caraqueñas, el tema de la «resolución pacífica de los conflictos», o «la mediación y los buenos oficios», eran extrañas expresiones que ni siquiera se escuchaban en las películas El Zorro, Bonanza o Perdidos en el Espacio.
Si alguno de los compañeros era testigo de la amenaza, corría la voz, y en menos de 3 minutos, toda la escuela estaba al tanto del duelo o «peguita», como se decía entonces.
Toda la muchachada esperaba ansiosamente el sonido del último timbre.
Salíamos en tropel a agarrar puesto de primera fila.
La cancha de bolas ubicada frente al abasto del portugués Armando era el ring improvisado para dirimir las diferencias.
De seguro había muchos retadores que se arrepentían o retados renuentes al enfrentamiento, pero con el solo anuncio de la inminente trifulca ya la suerte estaba echada.
Al final, la mayoría echaba pa´lante porque resultaba menos oneroso salir derrotado en la refriega que desistir de ella.
Si te negabas a pelear, te convertías en la pera de boxeo de toda la escuela y, lo peor, botabas por la ventana toda posibilidad de conquistar a Normita, la bellezura de 4to grado.
Afortunadamente, los tiempos han cambiado.
Ya no se ven tantas peleas en las salidas de las escuelas.
Ahora las diferencias se dirimen de otra manera.
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