Volver a caminar, la meta de un amputado que dejó el terremoto en Venezuela
Fotografía del 11 de agosto de 2026 que muestra a Adrián Troncoso hablando durante una entrevista con EFE en el taller de Ortoprotécnica, en Caracas (Venezuela).
EFE/ Ronald Peña R Cuando Adrián Troncoso reaccionó, el polvo se había disipado y una leve luz le dejó ver que su pie derecho estaba atrapado bajo escombros.
Debía comprobar quiénes de las cinco personas en casa, entre ellas su hijo menor, estaban vivas aquel 24 de junio, el día del doble terremoto en Venezuela.
Llamó a su suegra y a su cuñada, pero no respondieron.
Las otras personas en casa eran el novio de la cuñada y la tía de su esposa.
No quiso llamar a su hijo, de 16 años, porque nadie había contestado.
“No me salía aire de los pulmones para pronunciar el nombre de mi hijo.
No sé si fue un temor que me invadió por solamente pensar que no me podía responder”, recuerda a EFE Adrián, de 47 años.
Ese día, había salido de su casa con la faja lumbar puesta que usaba para trabajar, rumbo a hacer unas reparaciones en la vivienda de su cuñada en La Guaira, el estado que se convertiría poco después en el más devastado por los terremotos.
Fotografía del 11 de agosto de 2026 que muestra a Adrián Troncoso reaccionando durante una entrevista con EFE en el taller de Ortoprotécnica, en Caracas (Venezuela).
EFE/ Ronald Peña R El torniquete Adrián comprobó que una pared le había caído encima y que uno de los tres pisos de la casa de su cuñada estaba sobre él, apenas sostenido.
“Pensé en ese instante: ‘Si no salgo me voy a morir, y si muero a mi hijo no lo van a conseguir'”, recuerda.
Entonces reunió fuerzas y gritó “¡Andrés!”.
“Aquí estoy.
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