Antonio de la Cruz: Maduro cayó, el Estado chavista sigue vivo
Durante años, hemos imaginado el final del chavismo con una escena.
Una multitud frente a Miraflores.
Un presidente abandonando el palacio.
Una juramentación.
Una bandera.
El instante preciso en que terminaba una época y comenzaba otra.
Las transiciones reales rara vez funcionan así.
Los sistemas autoritarios no son solamente hombres.
Son tribunales, generales, fiscales, empresarios favorecidos, policías, contratos, bancos, organismos electorales y burocracias.
Son también hábitos: jueces que esperan una llamada antes de decidir, funcionarios que obedecen al partido antes que a la Constitución, ciudadanos que aprenden que protestar tiene consecuencias.
Por eso Venezuela enfrenta ahora una paradoja.
El viejo orden ha perdido buena parte de su legitimidad, pero conserva fragmentos importantes del Estado.
La fuerza democrática posee legitimidad electoral y social, pero todavía no controla plenamente las instituciones necesarias para gobernar.
Y entre ambos aparece Estados Unidos, con suficiente poder financiero, diplomático y coercitivo para condicionar el proceso.
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